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3 de marzo de 2016

AMAR TANTA BELLEZA




Hace mucho que no reseño una novela, dejé de hacerlo hace tiempo porque siempre me queda la duda de que con mi opinión subjetiva de simple lectora tal vez no le haga justicia a la obra. No es la primera vez que leo a Herminia Luque, su penúltimo libro Al sur de la nada, es uno de los que más recomiendo a mis amigos lectores.
 Aunque esta novela se haya catalogado por la crítica como histórica, también se puede considerar metaliteraria.
El primer capítulo despista un poco al empezar con el prólogo, que es un email de Mónica Belicio (investigadora  de una universidad americana), dirigido a su editor, al que adjunta una nota de sucesos que ha descubierto durante sus investigaciones, sobre la aparición por el derrumbe de un muro de "una mujer en carne momia".  Y que puede dar sentido al final de la historia.
En el texto narrativo se pueden distinguir dos partes bien diferenciadas: 
  II. La región más anhelada (Madrid, 1637).
 III. Testamento de Doña María de Zayas y Sotomayor.
En la parte II, el tono es más jovial, contada desde la juventud y con cierta inocencia, narra el tiempo que pasaron juntas tras la llegada a Madrid de Ana, y la oportuna y amable acogida en su casa, por parte de María. 
En la parte III, el tono cambia se hace más sobrio, más sentido, a través de la voz de María, abocada a la soledad, la enfermedad, presa de la vejez y el olvido.
Sus protagonistas, dos escritoras del Siglo de Oro español, María de Zayas y Ana Caro Mallén, reflexionan a través de sus cartas sobre el papel de la mujer en el mundo literario y sus dificultades. De esta manera nos darán a conocer a una serie de personajes secundarios que sazonarán esta historia: María Cépalo, una criada con un castizo sentido del humor; la Quiñones, impresora y viuda, orgullosa de tener “hasta veinticuatro cajas de imprenta, con veinte arrobas de letra cursiva y hasta cuarenta de parangona”. Se hace patente la dificultad para editar. La autora hace gala de un lenguaje rico y variopinto que nos adentra en la época, si bien es cercano al lector actual no deja de ser divertido, bordado de refranes y dichos populares. La autora mezclará personajes ficticios y reales: “el de León y su Manual de la perfecta casada”, don Gaspar Guzmán (Conde Duque de Olivares), Alonso Cano, pintor, Feliciana Díaz de Enríquez (escritora), Don Lope y "Los laureles de Apolo", Vélez de Guevara. Datos que el lector avezado sabrá interpretar e investigar para ampliar su lectura.
 Doña María de Zayas alecciona a su  huésped con sabiduría: “Las cosas importantes de la vida se escriben con una letra muda: la hache. Una letra que no suena para abrir las palabras de mayor enjundia. Historia (…) humano, hombre, hembra,  hambre, hablar,  hermosura…”. Además de alguna premisa literaria: “las novelas han de sostenerse por sus letras, por lo que dicen y el modo en que lo dicen, pero en absoluto por las intenciones de los que las escriben.”
No hay que olvidar que Ana Caro fue la primera mujer que se dedicó a la escritura de forma profesional: “No dudaba yo de mi valía. Pocas mujeres se han atrevido, como una misma, a coger la pluma,  a la par del más pintado varón, y no solo por entretenimiento, sino como tarea constante y sostenido empeño, aun a costa de muchas fatigas y maledicencias también”
 María Zayas, en su prólogo a sus Novelas amorosas y ejemplares (Zaragoza 1637), le dice al lector: "Y no sólo deves hazer esto (comprar el libro), mas anhelar por la noticia de su autora a no estar sin su libro tu estudio, no pidiéndolo prestado, sino contándote tu dinero, que aunque fuese mucho le darás por bien empleado"
Sus protagonistas rechazan tanto el matrimonio como el convento, las únicas  salidas honradas para la mujer de la época. Ellas se revelan y logran subsistir gracias a su ingenio y sus letras.
A través de las voces de estas mujeres, Herminia Luque crea una constelación femenina, donde se mezclan  fuerza y fragilidad y pone de manifiesto el desamparo en el que se encuentra la mujer de esa época: academias y tertulias propiciadas por aristócratas, como la Condesa de Paredes en las que apenas tiene voz, las burlas, cartas anónimas y las vejaciones sufridas por  la propia Ana Caro, sin olvidar la ingeniosa venganza final llevada a cabo por  María de Zayas.
De estas autoras se sabe poco y quizá buceando en los entresijos de sus obras, se pueda dilucidar algo sobre sus vidas. Por eso es de agradecer a Herminia Luque la autoría de esta novela, que pone un punto de luz en el  oscuro y olvidado mundo  de las escritoras.

                                               Loli Pérez