3 de julio de 2026

Mil juncos en tu vientre de Asunción Caballero ( Mascab)

Nos dice Manuela Temporelli en el prólogo de "Mil juncos en tu vientre":

"Qué difícil prologar un poemario tan delicado, tan en carne viva" (…)"por momentos, pareciera que la enferma, la que se va, cuya sangre huye, fuera la misma autora" (…) "no arrancamos a saber cuándo llora la autora, porque siempre llora el poema",  

Y ese es precisamente el reto al que me enfrento con esta entrevista: hablar con su autora sobre el poemario que cierra de la trilogía "La liturgia del agua", sin reabrir heridas, pero permitiendo que el poema respire.

Desde Pronombres, donde te diste a conocer como poeta social, tu escritura ha ido desplazándose, libro a libro, hacia un territorio cada vez más íntimo. En Agua, primera entrega de esta trilogía, aparecía una voz más personal y luminosa: poemas breves, rítmicos y atravesados por la experiencia amorosa.

Con Algas milenarias el tono cambia de forma radical: surgen los poemas largos y libres, y la memoria, la culpa y el duelo por la pérdida de tu hermana convierten el libro en una especie de diario poético sereno y desolado.

Y en esta tercera entrega, como señala Isabel de la Cruz, la escritura parece desprenderse de lo exterior para convertirse por completo en “un acto de amor radical” y de resistencia frente al olvido.

 C.T ¿Qué se siente cuándo se saca a la calle un libro de estas características?

Mascab: Siento la necesidad de que sea un cierre de ciclo emocional y, quizá, también literario. Pronombres y Los zapatos del indigente fueron mi voz en la plaza pública. Libros que corresponden a una época intensa en la que me motivaba intervenir en la realidad común y poner voz donde yo creía que había demasiado silencio. Pero igual que el agua tiene sus cauces y sus mareas, la vida tiene sus accidentes geológicos y en cada uno de ellos experimentamos caídas y descubrimientos. Al iniciar esta trilogía con el poemario Agua comencé a socavar la roca de lo público para excavar en la cueva de mi yo más personal. Poner punto final a “La Liturgia del agua” con Mil juncos en tu vientre no ha sido una liberación sino una sedimentación: siento que he dejado depositado ahí todo lo que las pérdidas me obligaron a procesar. Y me gusta cuando lo habéis llamado “un diario de resistencia” porque es un intento de que el olvido no gane la partida, dejando constancia de una ausencia presente, que necesito que continúe traspasando la grieta con su luz.

2.-Antes de que surgiera la trilogía ya en tu poemario  Los zapatos del indigente, uno de los poemas que llamó la atención fue “Mi hermana nunca llora “, pero tú, tus poemas si lloran.

…”No sé escribir//ese poema esperanzador// que ponga luz            a mis tinieblas”. (pág. 31)

Al ser un poemario que aborda el duelo, la memoria y la persistencia del amor hacia tu hermana .

C.T. ¿Cómo ha sido el proceso de transformar el dolor de la perdida en una presencia tan viva, tan luminosa a través de la poesía?

Mascab: Ese proceso tiene mucho de alquimia y poco de elección. Cuando escribí "Mi hermana nunca llora", no sabía que estaba trazando el mapa de lo que vendría después. Si en esos textos anteriores la poesía era una forma de mirar el mundo, esta trilogía se convirtió en el único lugar donde podía mirar a mis hermanos sin que el dolor me cegara. Para lograr que la pérdida no fuese tan solo ceniza, he tenido que aprender a mirar las fisuras y ver que esa "luz" que mencionas no es una invención: es la luz que queda cuando el duelo empieza a transmutarse en memoria.

En los poemas de este volumen no trato de ocultar la tiniebla de la entrega anterior, pero me negué a que fuesen solo un sumidero de angustia, necesitaba transformar el dolor, asomar un ojo por aquella grieta y descubrir que en el fondo de toda pérdida hay chispa de lo que se fue y que ese rayo de luz es capaz de contener la presencia luminosa del ausente.

3.- En los versos de “Atardece” (pág. 50), el agua muta. Ya no es lluvia ni arroyo, es mar, y en ese mar, los juncos siguen naciendo en el vientre de la hermana.

C.T. ¿De qué manera la naturaleza - a través de las imágenes del mar, la arena, el barro, los juncos, la luz ...- te ayudó a materializar la ausencia física de tu hermana? 

Mascab: Siempre he tenido una relación casi táctil con el entorno; como quien estudia un plano o contempla una catedral, busco la estructura en lo natural. El mar, el barro o los juncos no son ornamentos, son mi caja de herramientas. Cuando la ausencia se vuelve inabarcable para la mente, la naturaleza ofrece una escala que podemos comprender. El mar no es solo agua; en esta trilogía el agua es un vehículo de memoria, un espacio de tránsito. Al convertir la ausencia en un paisaje —el mar que irradia, el junco que resiste en el vientre—, he logrado que el duelo deje de ser un callejón sin salida para convertirse en un terreno por donde poder caminar sin perderme, y la naturaleza me ofreció ese mapa. Es una forma de "pintar" mi tormenta interior sobre un lienzo que no se rompe sino que se transforma.

4.- En tu poema “El atadijo”, leemos

“es difícil deshacerse de lo que una vez se amó / y guardamos en los altillos de la memoria”.

Aquí la pérdida no se oculta, se mira de frente, se habita.

C.T. ¿En qué momento sentiste que la poesía pasaba de ser un refugio a convertirse en ese "acto de amor radical " que logra sostener lo invisible? 

Mascab: Sucedió cuando comprendí que el poema no estaba ahí para protegerme a mí, no era un búnker en el que debía esconderme para ocultar el dolor… era el lenguaje para salvaguardar la memoria del ausente.

Dejé de escribir para "estar a salvo" y empecé a escribir para "hacer visible" lo que la muerte intentaba borrar. Es un acto radical de amor, porque exige desnudarse de toda pretensión y admitir que lo único que tenemos frente a la nada es nuestra capacidad de nombrar las cosas y ahí, es cuando el lenguaje se vuelve el único puente entre dos mundos y te das cuenta de que el poema ya no es un refugio, sino un campo de batalla donde sostener lo invisible a base de técnica, pero sobre todo una entrega absoluta al amor.

5.- Hay otro poema que lleva por título “Nuestra sangre” (Pág. 74) donde dicen tus versos: “el mar iridiscente revela mil juncos en tu vientre”...     

C. T ¿Por qué has elegido los versos finales de este poema como título del libro? 

Mascab: La imagen de los "mil juncos en tu vientre" posee una fuerza elemental que me cautivó. Es una metáfora de la proliferación de la vida donde supuestamente debería haber silencio o muerte. Porque la imagen de los juncos en el vientre es la antítesis de la esterilidad de la muerte. "Mil juncos" suena a multitud, a vida que se ramifica, a un interior que, lejos de estar vacío, está lleno de raíces y de fuerza. Elegir ese verso fue mi forma de decir que, allí donde la muerte lo arrasó todo, la memoria ha vuelto a sembrar.

Titular el libro así era mi manera de sellar el pacto: el vientre de mi hermana no es un lugar de ausencia, es un lugar de origen. Es el punto exacto donde la vida se niega a ser olvidada. un paisaje iridiscente que me permite seguir tocando lo intangible.

6.-…Quiero ser pirámide de roca marina / que alberga el polvo de tu sangre / la estrella boreal de tu eternidad. / Y quiero/ /sembrar auroras    en tus cenizas (pág. 58)

Frente a la crudeza de la muerte y el vacío de la ausencia, transformas el dolor en una siembra y teniendo en cuenta que el libro funciona como un "gesto de resistencia frente al olvido" ...  según se lee en la contraportada. 

C.T.  ¿Qué es lo que más te gustaría que el lector descubra o sane al recorrer estás páginas? 

Mascab: No aspiro a que el lector encuentre consuelo, porque el duelo es un territorio que cada uno debe cruzar solo. Pero espero que descubra que las fisuras son parte de nuestra arquitectura humana, que es posible habitar el vacío sin dejarse devorar por él. Si al cerrar este libro, el lector siente que la muerte no es un muro infranqueable, sino un horizonte que se puede contemplar —con dolor, sí, pero con luz—, entonces el objetivo estará cumplido.

Espero que, al recorrer estas páginas, el lector aprenda lo que yo misma he tenido que aprender: que el duelo no se supera, se habita, y que en esa habitación, si sabemos mirar a través de las grietas, siempre hay espacio por el que entra un pequeño rayo de luz y una pequeña gota de agua, capaces de germinar una nueva vida.

 7.-Muchas gracias por contestar a mis preguntas y si quieres añadir algo más es tu turno....

Mascab: Quiero agradecerte todo lo que haces por difundir la poesía actual. Tu labor es imprescindible en una época donde la saturación y la inmediatez de las redes sociales, construyen el olvido momentáneo de aquello que se lee o se descubre. Con tus entrevistas para este blog, no solo demuestras que hay libros que merecen ser leídos o tenidos en cuenta, sino que indagas en el interior de sus autoras/es, para descubrir qué hay más allá de un título, unos poemas, una historia, un libro.

Gracias.                

En este enlace además de comprarlo podréis leer los comentarios que se han hecho sobre él

https://www.editorialnuevaestrella.com/producto/mil-juncos-en-tu-vientre/

                                                                                                       Chelo de la Torre


Asunción Caballero -Mascab-.

Autora de poesía y narrativa nacida en Cabeza del Buey, Badajoz (1960). Ha publicado cuatro antologías de poetas internacionales; siete libros de poemas y uno de relatos. Su obra ha sido traducida a varios idiomas y, editada y publicada en árabe, polaco, rumano, griego y chino.  Ha prologado a otros autores y recogido premios y reconocimientos por su obra literaria, por su gestión cultural altruista y solidaria y por su activismo Intercultural. Impulsó, de manera altruista, la colección “La palabra inquieta” en la Editorial Nuevos Ekkos, y la revista cultural ASCHEL DIGITAL

 

BIOGRAFÍA COMPLETA (en este enlace)

 



11 de junio de 2026

El ring de Yolanda López / La gramática del golpe

 


Hay libros que llegan para ser leídos y otros que llegan para ponernos a prueba. El ring, de Yolanda López, pertenece a los segundos. Quizá por eso sorprende el silencio que lo rodea. En un tiempo que consume poemas con la misma rapidez con la que los olvida, este libro exige algo más difícil: quedarse.

Desde sus primeras páginas se comprende que no estamos ante un poemario sobre el boxeo. El cuadrilátero es otra cosa. Es el lugar donde una conciencia se enfrenta a sí misma. Es el espacio reducido donde el cuerpo aprende lo que ya sabía el miedo. Es la geometría de una resistencia.

La estructura del libro —diecisiete asaltos y un desempate— no es un mero recurso formal. Marca el ritmo de una respiración entrecortada. Cada poema parece escrito desde el instante en que el aire escasea y, sin embargo, todavía queda fuerza para levantar los brazos.

La poesía de Yolanda López posee una rara cualidad: convierte el golpe en lenguaje sin domesticar su violencia. Los guantes, las cuerdas, el locutor, el muro, la cuenta atrás; todo forma parte de una escenografía que acaba desbordando el deporte para convertirse en una meditación sobre la fragilidad. No hay aquí épica del vencedor. Tampoco glorificación de la derrota. Lo que encontramos es algo más humano: la obstinación de quien permanece en pie cuando ya no está seguro de poder hacerlo.

Mientras leía El ring pensaba que algunos combates no ocurren contra nadie. Ocurren dentro. Contra el desgaste, contra la tristeza, contra la lenta erosión del tiempo. López conoce bien ese territorio. Por eso sus poemas no avanzan como un relato, sino como una sucesión de impactos. Cada verso parece medir la distancia entre la caída y el deseo de seguir.

Su escritura es intensa, cortante, a ratos visionaria. Los versos descienden por la página como si llevaran el peso del cansancio. Hay momentos en que el lenguaje parece quedarse sin aliento y es precisamente ahí donde encuentra su verdad. No busca embellecer la herida. Se acerca a ella. La observa. Escucha su respiración.

Y, sin embargo, este no es un libro oscuro. Hay una luz que lo atraviesa de principio a fin. No una luz redentora ni ingenua, sino la que aparece cuando alguien decide mirar de frente aquello que le duele. Una luz ganada asalto tras asalto.

Al cerrar el libro queda la sensación de haber acompañado a alguien en un combate íntimo. También la certeza de que, en el fondo, ese combate nos pertenece a todos. Yolanda López ha escrito un poemario que entiende la poesía no como refugio, sino como resistencia.

Quizá por eso El ring permanece resonando después de la última página. Porque nos recuerda algo que solemos olvidar: que hay derrotas que no consisten en caer, sino en dejar de luchar por las palabras capaces de nombrar nuestra oscuridad. Y que, mientras esas palabras existan, siempre quedará un último asalto.


Sobre la autora: Yolanda López

La trayectoria de Yolanda López es, ante todo, un mapa de desplazamientos. Licenciada en Filología Inglesa y doctora con una investigación profunda sobre la identidad en la obra de Eudora Welty, López ha construido un universo poético que no conoce fronteras entre la academia y la creación artística. Su labor investigadora, que la ha llevado desde los archivos históricos de Mississippi hasta las universidades de Birmingham y Santiago de Compostela, dota a su escritura de una mirada analítica que trasciende la simple confesión lírica.

Más allá de su labor como gestora judicial y su compromiso con la docencia, la obra de López se revela como un poliedro: es traductora, artista plástica y una voz activa en la escena literaria contemporánea, desde los recitales de Poesía Joven en Madrid hasta las tertulias de Poetas Nómadas en A Coruña. Con diez poemarios publicados y cerca de treinta reconocimientos nacionales e internacionales, su poesía se nutre de una hibridación constante; en ella, el ensayo, la música y la plástica no son disciplinas ajenas, sino capas que integran una identidad poética sólida, vanguardista y profundamente humana. Yolanda López no solo escribe; interroga la realidad a través de la memoria, la identidad y ese "pugilato" constante con la forma que define su voz.

1 de mayo de 2026

Mil juncos en tu vientre. Crónica del día después

De izquierda a derecha: 
Isabel de la Cruz (Directora de la colección Istambul); Asunción Caballero  (Autora del libro); Lidia González (Editora). 

El pasado 29 de abril de 2026 se presentó en la Biblioteca Miguel Hernández de Collado Villalba, el libro Mil juncos en tu vientre de Asunción Caballero, última entrega de la trilogía "La liturgia del agua" .
Aunque la presentación del libro, propiamente dicha, y de la trilogía, por ampliación, corrió a cargo de Isabel de Cruz y de Lidia González, al ver que la mayoría de los que estaban en la sala era la primera vez que se encontraban con la poesía de Asunción, no pude resistir la tentación de tomar la palabra y hablar de los orígenes de Mascab. 

Conocí a Asunción, hacia el año 2010, por su blog La rebeldía de una cincuentañera donde publicaba, unas veces en prosa, otras, en forma  prosa poética o poemas propiamente dichos, textos que podíamos llamar de protesta, de ahí el nombre del blog.

Entonces escribía bajo el seudónimo de Mascab, dirigía una Escuela de E. Infantil  y  no quería mostrar esa faceta rebelde ante la gente conocida.

Por esa rebeldía que mostraba en sus textos se labró la fama de "escritora social"

Impulsada por su familia, y con el único objetivo de que todos ellos pudieran, no solo leer lo que escribía cómodamente en el sillón de su casa, si no guardarlo y releerlo, consiguieron que se autopublicase y vio la luz el libro "Las mujeres que habito" (2015)  un libro en el que ya encontramos poemas que han sido todo un símbolo como "Mujer que quiere bailar con lobos ", entre otros.

Asunción, empezó a perder ese pudor que le impedía dar la cara, empezó a formarse, a firmar con su nombre verdadero y, lo más importante, presentó sus poemas a una editorial. 

Y así fue como surgió su primer libro oficial "Pronombres" (2016) publicado por la Editorial Lastura y en el que se presenta como una poeta social sin ningún tapujo.

Un libro que dio mucho que hablar, pues el profesor y traductor del Instituto Cervantes de Marruecos,  Samir Moudi, se encontró con algunos de sus poemas en las redes y le pidió permiso para trabajarlos con sus alumnos y, por su puesto, eso culminó en en una nueva publicación de "Pronombres" en versión bilingüe castellano-árabe también en 2016 y fue en el 2019, cuando ese libro se publicó, traducido al polaco por una amiga y seguidora suya, en una editorial de allí.

Es en 2018, cuando sale su segundo libro "Los zapatos del indigente" también en Editorial Lastura. Un poemario que, aunque sigue siendo de corte social, presenta una estructura distinta pues la última parte es el diálogo de un indigente con sus zapatos.

No es hasta 2021 cuando vuelve a publicar poesía, y en este descanso no ha estado parada, no sabe estarlo.

Ha organizado eventos culturales dándoles visibilidad a otros muchos y muchas poetas, ha coordinado  antologías de varios autores cuyos beneficios iban a causas solidarias y ha publicado un libro de  relatos "La dualidad de los espejos"  (Edit. Nueva Estrella)

Y ya en 2021, como he dicho, publica nuevo poemario "Agua" (Ed. Nueva Estrella // Col. Istambul) y lo hace estrenando colección que dirigirá la también poeta  Isabel de la Cruz.

Un libro que personalmente me llamó la atención nada mas ver su portada y  lo primero que pensé fue ...por qué una mujer ¿acaso el agua es una mujer?

A medida que lo leía vi que este libro daba un giro con respecto a todo lo que Asunción había publicado antes.

Había poemas más cortos e incluso algunos tenían métrica, lo que le hacía tener más ritmo que los anteriores.

Era menos social, más intimista ...es decir, que sí, que este libro además de estrenar colección dentro de la Ed. Nueva Estrella, nos mostraba una nueva faceta de nuestra poeta.  

Aunque menos social hay en él poemas como "Niños cenicientos" que te revuelven por dentro o "Mi hermana nunca llora " en el que nos deja ver la situación que está viviendo su hermana.

Seguimos avanzando por las publicaciones de Mascab,  y aparece otro nuevo libro A (DES)HORAS      (Ed. Unaria 2022) Otro nuevo cambio que  me descoloca un poco, y es que claro, con Agua no ha dado un giro su poesía, solo ha tenido un punto de inflexión y mientras vuelve a su cauce escribe otras cosas....  

Se empieza hablar de un nuevo libro de "Algas milenarias"  y de la trilogía  "La liturgia del Agua".

Es en 2024 cuando por fin ve la luz el libro  "Algas milenarias"(Ed. Nueva Estrella // Col. Istambul)

Un libro que nos hace ver que, la poesía de Mascab, no había tenido un giro sino un punto de inflexión, como he dicho antes. Un libro en el que la autora nos muestra todo su dolor  ante la pérdida de su hermana, sin abandonar sus temas de siempre .


Ha pasado el tiempo, la vida se remansa y la poesía no da tregua.

Y  ya está en la calle el último libro de la trilogía.
 

Ayer en la presentación nos contaron como surgió la idea de la trilogía he incluso el nombre, pero eso lo dejo para más adelante, no quiero estropear la sorpresa para próximas presentaciones. 

Sí os puedo decir que la emoción inundó la sala y que las lágrimas afloraban en los ojos al oír la emotiva poesía de este libro y es que la poesía de Mascab es así. 


"Mil juncos en tu vientre"

Un viaje hacia la orilla donde la vida y la muerte se tocan. Una travesía por el duelo, la memoria y la persistencia del amor en su forma más desnuda. A través de imágenes de mar, ceniza, sangre, viento y luz, la autora construye un universo poético donde la pérdida no se oculta: se mira de frente, se nombra, se habita.

Os dejo el enlace de compra 

https://www.editorialnuevaestrella.com/producto/mil-juncos-en-tu-vientre/



Y os invito a todos a asistir a la próxima presentación del libro que será en Leganés el próximo día 26 de mayo