30 de noviembre de 2011

LOS PAPELES DE AGUA


Uno de mis escritores favoritos es Antonio Gala. Me gusta su vida, su persona, su voz, las historias que nos describe en sus novelas, sus opiniones en diarios conocidos, su solidaridad, su fundación de apoyo a los jóvenes…

Todos quienes me conocen bien, saben que me encantaría sentar a mi mesa a éste señor. Me gustaría tomar café con él, charlar… tenerle como amigo vaya!


Cuando leí su última novela –las tengo todas, o eso creo-, “Los papeles de agua”, decidí hacer lo posible por conocerle en persona.
Como no compré su novela en el año de la primera edición –ignoro si se han publicado más-, sino que lo hice alrededor de un año después a través de mi club de lectores, no tuve ocasión de ir a la feria del libro a ver si Gala estaba entre los autores que firmaban sus obras. Tendré por tanto que esperar, primero a que él se recupere pronto de ésa enfermedad que le viene apretando fuerte durante estos últimos meses y segundo a que edite una nueva novela, que espero no tarde en aparecer.

Los papeles del agua, no es la historia que más me ha gustado de todas las que de éste autor he leído, sin embargo, viví en tensión todas las emociones que sentía Deyanira Alarcón, una mujer en la decadencia de su éxito como escritora, en la crisis existencial de toda cincuentañera  y su apasionada historia con el joven Aldo, quien la despertó a un sexo ya casi olvidado… Como escenario: la bella y también decadente Venecia. La única ciudad donde una mujer de mi edad, a vueltas de una intensa vida, puede buscar para esconderse y encontrar a su yo más íntimo y personal.



La ciudad se hunde poco a poco, como la vida de Deyanira se hundió en su propia existencia…

Venecia es historia de mujeres… que como yo, estamos en plena decadencia, pero que aún, nos anclamos al amor y a la pasión de la mano de quien nos acompaña, para no dejarnos caer en los canales de la desidia y la soledad…



Venecia es única, como única somos cada una de nosotras… y como esa hermosa y eterna ciudad, nos agarraremos fuertemente a nuestra historia, para mantenernos a flote hasta nuestro último suspiro, nuestro propio final…

26 de noviembre de 2011

LEONORA

Autor: Elena Poniatowska, escritora, nacida en Paris el 19 de Mayo de 1932, hija de dos descendienes de inmigrantes, su madre Paulette nació en Paris en 1913 y se casó con un exiliado descendiente de nobles polacos. En 1941 huyó de la guerra con sus hijas a Méjico, el padre polaco nacionalizado francés combatió en la guerra y al finalizar esta se fue a reunirse con su familia.

Elena, llegó a Méjico alrededor de los 8 años, se casó en 1968 con un Astrofísico y tuvo dos hijos, periodista escritora mejicana, activista política, sus obras literarias han obtenido muchos premios. Su obra "Leonora" obtuvo el premio Biblioteca Breve 2011.

COMENTARIO: Las historias noveladas que tienen hechos históricos me dan curiosidad de buscar cual es la parte histórica que los personajes reales han vivido y cuál es la fantasía del escritor.

Esta historia novelada es muy interesante porque nos describe las costumbres y el pensamiento de principios del siglo XX. al que se reveló Leonora Carrington rompiendo sus lazos familiares, para buscar su reallización como pintora, en una época que era mal visto que la mujer sea culta y las escritoras tenían que escribir con nombres de hombre, existen casos que han pasado a la historia con seudónimo de hombre, siendo desconocidas por las mayorias su verdadera identidad.

Leonora conoce al artista surrealista, Max Ernst, donde surge un gran amor, siendo él 20 años mayor que ella, las amistades de artistas e intelectuales que frecuentan son un mundo que contrasta con el que fue criada en su infancia, la novela nos muestra los dos mundos de la época, en forma amena.

Mi curiosidad por saber la historia real de los personajes me motivó a buscar por internet la vida de Leonora Carrington, nacida en Inglaterra en 1917 y fallecida en Méjico a los 94 años el 25 de Mayo del 2011. A raíz de la guerra toman preso a Max y Leonora sufre mentalmente, por orden de su padre la llevan a España a un hospital psiquiátrico que pasa los sufrimientos más fuertes de su vida, en un momento dado se escapa (1941)llega a Lisboa donde encuentra refugio en la embajada de Méjico. Ahí encuentra al periodista Renato Leduc, quien se casa con ella y la ayuda a emigrar. Lo interesante que vuelve a encontrar entre los refugiados a Max quien tiene de pareja su mecenas Peggy Gugenjeim, que con su dinero rescató de Europa ocupada importantes obras de arte y ayudó a refugiarse en Nueva York a muchos artistas en intelectuales, Pegy fue dueña de una galería de Arte donde promocionó a los artistas emigrados por la guerra un canal comercial para sus obras, pienso que fue el principio de la Escuela de NuevaYork.

22 de noviembre de 2011

Bartleby, el escribiente.



Título: Bartleby, el escribiente.
Autor:Herman Melville.

Hoy os presento un libro, no es un clásico, ni siquiera es un best seller de moda, no. Es un cuento, un relato breve del escritor  Herman Merville, escrito en 1853. 




Seguramente conoces a Merville por su obra principal, Moby Dick. Aquí el protagonista no es una ballena, es "Bartleby, el escribiente", un joven que entra a trabajar en un despacho de abogados, prometedor al principio, comienza pronto a negarse a realizar las tareas que le encomienda su patrón, iniciando así toda una serie de conflictos. ¿Cuántas veces has querido decir “preferiría no hacerlo”? Bartleby comenzó así, y esa frase desencadena un conjunto de acontecimientos impredecibles, que lo precipitan hacia la catástrofe. Hace 150 años que se escribió este relato, pero el personaje es tan actual como nosotros mismos. Nadie puede entender a Bartleby, quizás tú tampoco puedas.

Creo que Bartleby es un anacoreta, en esa oficina convertida en “ermita”, un oxímoron, es la existencia y la no existencia de lo humano.¿Será Bartleby el reflejo de la soledad de su jefe? ¿Es su imperturbabilidad un canto a la libertad, o un brindis a la locura?.

Algunos dicen que este relato es precursor del existencialismo, de la literatura del absurdo; que algunos personajes de Kafka, de Ionesco nacen en el joven Bartleby. Albert Camus lo cita entre sus referentes y hay una versión del relato traducida por Borges.



Sin duda alguna, por esas 90 páginas y por la historia de Bartleby, vale la pena perder unas cuantas tardes de lectura. No me gusta recomendar libros, yo lo he leído varias veces, pero si me preguntas, sólo puedo contestarte “preferiría no hacerlo”. Buena lectura.


"I would prefer not to"


La última edición que he adquirido es una edición de Nórdica Libros, ilustrada por Javier Zabala. 

18 de noviembre de 2011

El ardor de la sangre de Irène Némirovsky



Es una novela intimista y conmovedora, constituye todo un hallazgo que confirma a Irène Némirovsky como una de las autoras europeas más destacadas del siglo XX.
Descubierta en el IMEC (Institut Mémoires de l’Édition Contemporaine) por los actuales biógrafos de Némirovsky,  un  manuscrito que había permanecido perdido y olvidado entre los papeles de su editor de la época, ha vuelto a colocar la obra y la azarosa biografía de esta gran autora en el primer plano de la actualidad.
  La historia transcurre en una tranquila villa de provincias francesa, a principios de los años treinta. Silvio, el narrador testigo y parte activa de los hechos que acontecen, ha dilapidado su fortuna recorriendo mundo. A los sesenta años, sin mujer ni hijos, sólo le queda esperar la muerte mientras se dedica a observar la comedia humana en este rincón de Francia donde, aparentemente, nunca sucede nada. Un día, sin embargo, una muerte trágica quiebra la placidez de esa sociedad cerrada y hierática. A partir de allí, emergen uno tras otro los secretos del pasado, hechos ocultados cuidadosamente que demuestran cómo la pasión juvenil, ese ardor de la sangre, puede trastornar el curso de la vida.

  Con un tono intenso y sosegado, Némirovsky utiliza el espejo sereno y frío de la edad madura para reflejar el impulso fogoso y los excesos de la juventud, en agudo contraste con el sofocante ambiente provinciano de sobreentendidos, sospechas y silencios que la autora describe con esa particular mezcla de lucidez y compasión que caracteriza su obra,
en esa maravillosa forma de contar las cosas, con la virtud de la gran contadora de historias, que de una forma medida, nos sumerge en las profundidades de unos personajes y una trama que te atrapan por momentos, y que este caso, contiene grandes dosis de intriga y un final sorprendente que está a la altura del resto del relato.
Es ese "ardor de la sangre", esa pasión propia de la juventud, la que conduce a ese mundo de infidelidades, traición, intriga e incluso asesinatos. Un "ardor de la sangre" que con los años se apaga y queda oculto bajo el manto del silencio y la hipocresía. Porque es más importante aparentar que ser.  De este modo, unos personajes que al principio nos parecían monótonos, planos, aburridos,... van adquiriendo una profundidad que ignorábamos que tuvieran.
 "¿Cómo prende en nosotros ese fuego" En unos años, en unos meses, a veces en unas horas lo devora todo y después se extingue. Después puedes enumerar sus destrozos. Te ves atado a una mujer a la que ya no quieres, o arruinado, como yo; o, si has nacido para ser tendero y te has empeñado en ser pintor en París...
¿Quién no ha visto su vida extrañamente deformada y torcida por ese fuego en un sentido contrario a su naturaleza profunda? En definitiva, todos nos parecemos, mucho o poco, a las ramas que arden en mi chimenea y se retuercen al antojo de las llamas. Aunque tal vez no debería generalizar: hay gente que es tremendamente sensata a los veinte años. Pero yo prefiero mi locura pasada a toda su sabiduría."

"¿Quién conoce a la verdadera mujer? ¿El amante o el marido? ¿Son realmente tan distintas la una de la otra? ¿O están tan sutilmente mezcladas que resultan inseparables? ¿Están hechas de dos sustancias que una vez combinadas forman una tercera que ya no se parece a las otras dos? Lo que sería tanto como decir que a la verdadera mujer no la conocen ni el marido ni el amante. Sin embargo, se trata de la mujer más sencilla del mundo. Pero he vivido lo bastante como para saber que no hay corazón sencillo"
 Cafetenado con Loli 2.0


14 de noviembre de 2011

Libros con sabores de lectura ágil.


No se trata de libros que se chupan, o se comen. No se trata de libros que huelen. Hoy hablaré de algunos libros que “saben”. Saben hacernos dormir con su historias bajo la almohada, saben invitarnos a que los terminemos porque su lectura es de ligero equipaje, no pesa. El poso que nos dejan tras su lectura es agradable, duradero y placentero, incluso para quienes consideren que estas lecturas son poco profundas.

En primer lugar trataré el poso que deja una onza de chocolate.

Sabor a chocolate” de Jose Carlos Carmona (Málaga, 1963), es un libro para regalar, no para descargar de Internet, es para poseer, no para intercambiar. Actualmente lo podemos encontrar en edición de bolsillo, aunque puestos a elegir, es mucho más bonita la edición tradicional con sus pastas duras. Su atmósfera cabalga entre la música, la guerra, y el amor. Los sentimientos que leeremos y digeriremos como propios, igual que deshacemos una onza de chocolate en nuestra boca, no se ceban en un sentimentalismo exacerbado.

Su autor fue Premio Literario por la universidad de Sevilla, pero a mí no me atrajo por el premio, sino por su sencillez literaria, que a la vez : es compleja para cualquier aficionado a la escritura que alguna vez haya intentado decir lo justo, con las palabras justas. ¿Es de amor?, preguntarán algunos  e inmediatamente lo rechazarán de sus listas de lectura, perdiéndose el sabor de sus páginas.
Pues sí lo es. Pero distinto, porque este tiene un color especial : es marrón como el chocolate con leche.

Sabor a Canela” de Jose Carlos Carmona, es otro de sus libros de sabores, que además se escucha. Podemos oír los acordes de sus violines a manos de una chica enamorada de la música. Este libro es la excusa perfecta para otro par de noches con un sabor escondido bajo la almohada. Cuando lo abráis os encontraréis con la sorpresa, de que aún siendo “pequeño”, tiene  ¡ 180 capítulos !, testigos todos ellos presenciales de una forma de narrativa y de contar que ya tuvo su preludio en el libro anterior. Incluye algunas reseñas históricas al final de los capítulos y una bella poesía de Heinrich Hart al final del libro. Sé que en los actos promocionales se regalaba el CD con la música a la que hace alusión la obra, pero desconozco como conseguir esa edición.

A quienes les encante lo breve, conciso, escueto, digerible y directo : podrán o no compartir el sabor de los libros que hoy recomiendo, pero quedarán prendados de esa prosa ágil con la que Jose Carlos captura toda nuestra atención.

Desde aquí hago un llamamiento al autor, para que se anime a escribir “Sabor a café”.
Un abrazo para todos y todas des -demispalabras-.

11 de noviembre de 2011

Día Internacional de la Biblioteca: Clara Sánchez, Lo que esconde tu nombre


Con motivo del Día Internacional De La Biblioteca, el Centro Andaluz de las Letras invitó a  los Clubs de Lectura de la provincia a un encuentro con la escritora Clara Sánchez, para que nos hablara de su último libro, Premio Nadal 2010, Lo que esconde tu nombre.
Según la reseña de la editorial es una novela sobre la memoria y la culpa, un relato de terror que no necesita de elementos sobrenaturales para provocar escalofríos.Yo no diría tanto, una vez que la he leído. Está escrita utilizando dos narradores primera persona ,que se  turnan para dar su versión objetiva de los mismos acontecimientos, por lo que a la vez que engancha, crea intriga en el lector,  resulta repetitiva. Crea muchas expectativas al principio, con el personaje de Julián, un caza nacis desahuciado por los médicos, que viaja a España tras recibir una carta de Salva, un antiguo amigo suyo con el que estuvo recluído en un campo de concentración.  Conoce a Sandra, una joven inmadura que no sabe muy bien lo que quiere hacer con su vida, y es acogida por un matrimonio noruego (nazi) que acaba contratándola como asistente personal la mujer.  En ese pueblo conviven un grupo de veteranos nazis jubilados, que viven apaciblemente y sin llamar la atención,  y se dopan con una especie de ampollas para la eterna juventud, son ricos,  y parecen  buena gente.

Lo que me extraña a lo largo de toda la novela, es que no pase nada contundente, es decir, que aunque Julián los sigue, los investiga, les amenaza, se pone en evidencia, (no le hacen nada aunque lo tienen controlado) nunca llega a ir a la policía, ni a ninguna organización anti-nazi que pueda ayudarle en su propósito y en más de una ocasión pone en peligro a Sandra,  dejándose ver con ella en un pueblo pequeño donde todo se ve y se sabe.

Es de lectura fácil y entretenida; pero también hay algunos detalles no creíbles.  A la trama en general se le podría haber sacado mucho más jugo (clínicas ginecológicas, la chica embarazada, el elixir de la juventud, cita la película “La semilla del diablo”). A medida que avanza la lectura el final va decayendo; y la intriga creada desde el principio y que tiene atrapado al lector, decepciona con un desenlace edulcorado y bastante absurdo. Pero en sí,  como novela de entretenimiento, se puede recomendar.
Aprovecha para hablar de temas transversales (falta de culpa, relaciones humanas, juventud, vejez…) crea expectativas  que dan para un final emocionante,  pero que se pierden en la nada, no sé si tendrían algo que ver las cartas amenazadoras que recibió la autora.


8 de noviembre de 2011

El almohadón de pluma

 
El almohadón de pluma es uno de los cuentos de locura, amor y muerte de Horacio Quiroga. A mi aita le gustaba mucho este escritor y él fue el que me introdujo en su lectura cuando todavía era una jovencita.
Y este fue el primer cuento que leí con él, un cuento que me causó una gran impresión y cogí la manía de no dormir con almohada aunque la mia no era de pluma, pero por si acaso, ya sabeís.

Como el cuento es corto, lo transcribo enterito, a ver si os pica la curiosidad y, los que no conozcais su obra, vais corriendo a leer algo más de este gran cuentista Uruguayo que desplegó todo su instrumento expresivo en estas narraciones cortas donde están sus mejores páginas, con El Salvaje (1920), con Los Cuentos de la Selva para los niños (1921), y con Anaconda (1923), que es la epopeya de las víboras. Son estos relatos últimos, donde tan hondamente se adentró imaginariamente en la psicología zoológica, los que  han valido a Quiroga el título de <Kipling sudamericano>.
Para darle un toque más de novedad que de originalidad, me he permitido leer el cuento en voz alta, así, si os viene de gusto, lo podréis leer y escuchar al mismo tiempo, espero que os guste mi tempo de lectura, solo teneis que clicar sobre el play del reproductor.














EL ALMOHADÓN DE PLUMA


Su luna de miel fue un largo escalofrío. Rubia, angelical y tímida, el carácter duro de su marido heló sus soñadas niñerías de novia. Ella lo quería mucho, sin embargo, aunque a veces con un ligero estremecimiento cuando volviendo de noche juntos por la calle, echaba una furtiva mirada a la alta estatura de Jordán, mudo desde hacía una hora. Él, por su parte, la amaba profundamente, sin darlo a conocer.
Durante tres meses -se habían casado en abril- vivieron una dicha especial. Sin duda hubiera ella deseado menos severidad en ese rígido cielo de amor, más expansiva e incauta ternura; pero el impasible semblante de su marido la contenía siempre.
La casa en que vivían influía no poco en sus estremecimientos. La blancura del patio silencioso -frisos, columnas y estatuas de mármol- producía una otoñal impresión de palacio encantado. Dentro, el brillo glacial del estuco, sin el más leve rasguño en las altas paredes, afirmaba aquella sensación de desapacible frío. Al cruzar de una pieza a otra, los pasos hallaban eco en toda la casa, como si un largo abandono hubiera sensibilizado su resonancia. En ese extraño nido de amor, Alicia pasó todo el otoño. Había concluido no obstante por echar un velo sobre sus antiguos sueños, y aún vivía dormida en la casa hostil, sin querer pensar en nada hasta que llegara su marido.
No es raro que adelgazara. Tuvo un ligero ataque de influenza que se arrastró insidiosamente días y días; Alicia no se reponía nunca. Al fin una tarde pudo salir al jardín apoyada en el brazo de su marido.  Miraba indiferente a uno y otro lado. De pronto Jordán, con honda ternura, le pasó muy lento la mano por la cabeza, y Alicia rompió en seguida en sollozos, echándole los brazos al cuello. Lloró largamente todo su espanto callado, redoblando el llanto a la más leve caricia de Jordán. Luego los sollozos fueron retardándose, y aún quedó largo rato escondida en su cuello, sin moverse ni pronunciar  una palabra.
Fue ese el último día en que Alicia estuvo levantada. Al día siguiente amaneció desvanecida. El médico de Jordán la examinó con suma atención, ordenándole calma y descanso absoluto.
-No sé -le dijo a Jordán en la puerta de calle.  Tiene una gran debilidad que no me explico. Y sin vómitos, nada... Si mañana se despierta como hoy, llámeme enseguida.
Al día siguiente, Alicia amanecía peor. Hubo consulta. Constatóse una anemia de marcha agudísima, completamente inexplicable. Alicia no tuvo más desmayos, pero se iba visiblemente a la muerte. Todo el día el dormitorio estaba con las luces prendidas y en pleno silencio. Pasábanse horas sin que se oyera el menor ruido. Alicia dormitaba. Jordán vivía casi en la sala, también con toda la luz encendida. Paseábase sin cesar de un extremo a otro, con incansable obstinación. La alfombra ahogaba sus pasos. A ratos entraba en el dormitorio y proseguía su mudo vaivén a lo largo de la cama, deteniéndose un instante en cada extremo a mirar a su mujer. Pronto Alicia comenzó a tener alucinaciones confusas y flotantes al principio, y que descendieron luego a ras del suelo. La joven, con los ojos desmesuradamente abiertos, no hacía sino mirar la alfombra a uno y otro lado del respaldo de la cama. Una noche  quedó de repente con los ojos fijos. Al rato abrió la boca para gritar, y sus narices y labios se perlaron de sudor.
-¡Jordán! ¡Jordán! -clamó, rígida de espanto, sin dejar de mirar la alfombra. Jordán corrió al dormitorio, y al verlo aparecer Alicia lanzó un alarido de horror.
-¡Soy yo, Alicia, soy yo!
Alicia lo miró con extravío, miró la alfombra, volvió a mirarlo, y después de largo rato de estupefacta confrontación, volvió en sí. Sonrió y tomó entre las suyas la mano de su marido, acariciándola por media hora temblando. Entre sus alucinaciones más porfiadas, hubo un antropoide, apoyado en la alfombra sobre los dedos, que tenía fijos en ella los ojos.
Los médicos volvieron inútilmente. Había allí delante de ellos una vida que se acababa, desangrándose día a día, hora a hora, sin saber absolutamente cómo. En la última consulta Alicia yacía en estupor mientras ellos la pulsaban, pasándose de uno a otro la muñeca inerte. La observaron largo rato en silencio y siguieron al comedor.
El  médico de cabecera se encogió de hombros y desalentado dijo-. Es un caso inexplicable... Poco hay que hacer...
-¡Sólo eso me faltaba! -resopló Jordán. Y tamborileó bruscamente sobre la mesa.
Alicia fue extinguiéndose en subdelirio de anemia, agravado de tarde, pero que remitía siempre en las primeras horas. Durante el día no avanzaba su enfermedad pero cada mañana amanecía lívida, en síncope casi. Parecía que únicamente de noche se le fuera la vida en nuevas oleadas de sangre. Tenía siempre al despertar la sensación de estar desplomada en la cama con un millón de kilos encima. Desde el tercer día este hundimiento no la abandonó jamás. Apenas podía mover la cabeza. No quiso que le tocaran la cama, ni aún que le arreglaran el almohadón. Sus terrores crepusculares avanzaban ahora  en forma de monstruos que se arrastraban hasta la cama y trepaban dificultosamente por la colcha. Perdió luego el conocimiento. Los días finales deliró sin cesar a media voz. Las luces continuaban fúnebremente encendidas en el dormitorio y la sala. En el silencio agónico de la casa, no se oían más que el delirio monótono que salía de la cama, y el sordo retumbo de los eternos pasos de Jordán.
Alicia murió por fin. La sirvienta, cuando entró después a deshacer la cama, sola ya, miró un rato extrañada el almohadón.
-¡Señor! -llamó a Jordán en voz baja-. En el almohadón hay manchas que parecen de sangre.
Jordán se acercó rápidamente y se dobló sobre aquel. Efectivamente, sobre la funda, a ambos lados del hueco que había dejado la cabeza de Alicia, se veían manchitas oscuras.
-Parecen picaduras -murmuró la sirvienta después de un rato de inmóvil observación.
-Levántelo a la luz -le dijo Jordán.
La sirvienta lo levantó, pero enseguida lo dejó caer, y se quedó mirando a aquél, lívida y temblando. Sin saber por qué, Jordán sintió que los cabellos se le erizaban.
-¿Qué hay? -murmuró con la voz ronca.
-Pesa mucho  -articuló la sirvienta, sin dejar de temblar.
Jordán lo levantó; pesaba extraordinariamente. Salieron con él, y sobre la mesa del comedor Jordán cortó funda y envoltura de un tajo. Las plumas superiores volaron, y la sirvienta dio un grito de horror con toda la boca abierta, llevándose las manos crispadas a los bandós. Sobre el fondo, entre las plumas, moviendo lentamente las patas velludas, había un animal monstruoso, una bola viviente y viscosa. Estaba tan hinchado que apenas se le pronunciaba la boca.
Noche a noche, desde que Alicia había caído en cama, había aplicado sigilosamente su boca -su trompa, mejor dicho- a las sienes de aquélla, chupándole la sangre. La picadura era casi imperceptible. La remoción diaria del almohadón sin duda había impedido al principio su desarrollo; pero después que la joven no pudo moverse, la succión fue vertiginosa. En cinco días, en cinco noches, había el monstruo vaciado a Alicia.
Estos parásitos de las aves, diminutos en el medio habitual, llegan a adquirir en ciertas condiciones proporciones enormes. La sangre humana parece serles particularmente favorable, y no es raro hallarlos en los almohadones de pluma.  

5 de noviembre de 2011

La educación del talento.

"Una cosa es la inteligencia, y otra el uso que hagamos de ella. Les pondré como ejemplo la vida de un alumno mío. Un muchacho de diecisiete años, con un altísimo cociente intelectual, muy estudiante, que llegó a la conclusión, tal vez cierta, de que era más inteligente que sus profesores y que el resto de sus compañeros. Como le gustaba mandar, se hizo cabecilla de una pandilla de chicos del barrio, más torpes que él. Se fue metiendo en pequeños delitos, le gustó manejar dinero, dejó los estudios, empezó a trapichear con drogas y ahora, a los veintitrés años, está en la cárcel. ¿Este muchacho es tan inteligente como dicen los test? Puede serlo, pero le falta esa inteligencia de nivel superior que es la encargada de dirigir adecuadamente todas las capacidades personales..."
JOSÉ ANTONIO MARINA, La educación del talento.

Esta estupenda frase me gustó mucho, la pensé verídica al cien por cien; me sentí como usa el autor, “en hombros de gigante”. Hoy la he recordado, y me ha hecho pensar.”¿Es tan inteligente como dicen los test?” Si os fijáis el libro en el que se presenta es el titulado La educación del talento.
Talento, según la RAE es:
1. m. inteligencia (capacidad de entender).
2. m. aptitud (capacidad para el desempeño o ejercicio de una ocupación).
3. m. Persona inteligente o apta para determinada ocupación.
4. m. Moneda…
¿Cuántas veces hemos recorrido la casa entera buscando algo que en principio teníamos justo a nuestro lado? ¿Somos torpes, tontos o simplemente no habíamos focalizado bien nuestra búsqueda? A mi entender el libro en sí, trata de eso: educar la focalización de las diferentes intelectualidades de cada uno.
Su alumno se descarrió, y lleva razón el autor en que le falta ese tipo de inteligencia de alto nivel, pero cuidado;¿esa inteligencia es innata? No; de ahí que Marina se haya molestado en escribir el libro.
Es tu educación lo que te predispone para focalizar mejor o peor las vicisitudes de la vida. Y ella te debe ser dada en la comunidad en la que creces, y si es posible, en un estadio determinado de tu desarrollo. Fuera de esto es un arduo trabajo para el más capacitado, que puede llevar años conseguirlo, y como se diría en mi pueblo: y muchos topetazos. Y lo normal es el fracaso.
Hoy en día vivimos en la sociedad del conocimiento, y no se equivoquen, por muchos derechos sociales que consigamos, ahí fuera peleamos una jauría de lobos. Desde que en la humanidad se pronunció el terrible vocablo ‘mío’, el mundo no ha parado de estar en guerra, ni las personas en esclavitud.
Actualmente existen personas que se tiran todo el día tramando como malgastar su dinero, mientras que la mayoría salen de casa de noche y otra vez es de noche cuando vuelven. Y al igual que las primeras, se tiran todo el día cavilando, pero éstas para saber cómo llegar a fin de mes. Sin tener tiempo para educarse ni para sacar de ese rol a su descendencia.
¿Recordáis el Indomable Will Hunting? Matt Damon es un chaval superdotado, en un nivel acaso sobrenatural. Lo sabe todo de todo, pero se quiere quedar en un barrio discriminado, con un trabajo precario. ¿Y sabéis por qué? Por solidaridad, por fidelidad a sus amistades; a los que de verdad han tenido las mismas oportunidades sociales que él.
“La familia educa, la escuela instruye.” José Antonio Marina.
Nos pasamos horas leyendo los diarios deportivos, la prensa sensacionalista. Nos sabemos las plantillas de los equipos, las relaciones sentimentales de menganica y fulanico. Malgastamos tiempo recopilando datos sobre cosas que ni por asomo nos interesan.
Es por lo que recomiendo a todos los que se precien a dar un trato de favor tanto a su familia, como a sí mismos, que lean La educación del talento de José Antonio Marina, así como toda la biblioteca UP.

Mis felicitaciones a los promotores de este blog. También mi agradecimiento por dejarme participar. Un saludo.

2 de noviembre de 2011

Juntos, nada más



Anna Gavalda: Juntos, nada más

Seix Barral (Biblioteca Formentor)
592 p.
Título original: Ensemble, c'est tout

Anna Gavalda, escritora francesa nacida en 1970, ha publicado obras como Quisiera que alguien me esperara en algún lugar, La amaba o El consuelo.


Juntos, nada más fue publicada en 2004 y llevada al cine posteriormente por el director Claude Berri.

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Es el primer libro que leo de esta autora. Me lo recomendaron de la mejor forma que puede hacerse: poniéndomelo directamente en las manos. Lo devoré en unos días. Y es que los cuatro protagonistas; cuatro personas totalmente desvinvuladas del mundo que las rodea, acaparan dulcemente toda la atención.
Paulette es una anciana que contempla, sin poder evitarlo, cómo todo su mundo desaparece al ser llevada a un asilo.
Franck, su nieto, un atareado chef, oscila entre el amor hacia su abuela y la aparente frivolidad hacia los demás.
Philibert es un personaje extraño: procedente de una familia perteneciente a la nobleza, resulta totalmente anacrónico con la vida del París de esa época: sus modales, su forma de hablar e incluso su vivienda parecen sacados del siglo XVIII...
Y por último está Camille: una joven artista que ha perdido las ganas de dibujar y, también, de vivir.
Llegado un momento, sus vidas coincidirán. ¿Qué pasará entonces?



Todo un lujo de lectura. ¡Muy muy recomendable!