Uno de mis escritores favoritos es Antonio Gala. Me gusta su vida, su persona, su voz, las historias que nos describe en sus novelas, sus opiniones en diarios conocidos, su solidaridad, su fundación de apoyo a los jóvenes…
Todos quienes me conocen bien, saben que me encantaría sentar a mi mesa a éste señor. Me gustaría tomar café con él, charlar… tenerle como amigo vaya!
Cuando leí su última novela –las tengo todas, o eso creo-, “Los papeles de agua”, decidí hacer lo posible por conocerle en persona.
Como no compré su novela en el año de la primera edición –ignoro si se han publicado más-, sino que lo hice alrededor de un año después a través de mi club de lectores, no tuve ocasión de ir a la feria del libro a ver si Gala estaba entre los autores que firmaban sus obras. Tendré por tanto que esperar, primero a que él se recupere pronto de ésa enfermedad que le viene apretando fuerte durante estos últimos meses y segundo a que edite una nueva novela, que espero no tarde en aparecer.
Los papeles del agua, no es la historia que más me ha gustado de todas las que de éste autor he leído, sin embargo, viví en tensión todas las emociones que sentía Deyanira Alarcón, una mujer en la decadencia de su éxito como escritora, en la crisis existencial de toda cincuentañera y su apasionada historia con el joven Aldo, quien la despertó a un sexo ya casi olvidado… Como escenario: la bella y también decadente Venecia. La única ciudad donde una mujer de mi edad, a vueltas de una intensa vida, puede buscar para esconderse y encontrar a su yo más íntimo y personal.
Venecia es historia de mujeres… que como yo, estamos en plena decadencia, pero que aún, nos anclamos al amor y a la pasión de la mano de quien nos acompaña, para no dejarnos caer en los canales de la desidia y la soledad…