"Qué difícil prologar un poemario tan delicado, tan en carne
viva" (…)"por momentos, pareciera que la enferma, la que se va, cuya
sangre huye, fuera la misma autora" (…) "no arrancamos a saber
cuándo llora la autora, porque siempre llora el poema",
Y ese es precisamente el reto al que me enfrento con esta entrevista:
hablar con su autora sobre el poemario que cierra de la trilogía "La
liturgia del agua", sin reabrir heridas, pero permitiendo que el poema
respire.
Desde Pronombres, donde te diste a
conocer como poeta social, tu escritura ha ido desplazándose, libro a libro, hacia
un territorio cada vez más íntimo. En Agua, primera entrega de esta
trilogía, aparecía una voz más personal y luminosa: poemas breves, rítmicos y
atravesados por la experiencia amorosa.
Con Algas milenarias el tono
cambia de forma radical: surgen los poemas largos y libres, y la memoria, la
culpa y el duelo por la pérdida de tu hermana convierten el libro en una
especie de diario poético sereno y desolado.
Y en esta tercera entrega, como señala
Isabel de la Cruz, la escritura parece desprenderse de lo exterior para
convertirse por completo en “un acto de amor radical” y de resistencia frente
al olvido.
C.T ¿Qué se
siente cuándo se saca a la calle un libro de estas características?
Mascab:
Siento
la necesidad de que sea un cierre de ciclo emocional y, quizá, también
literario. Pronombres y Los zapatos del indigente fueron mi voz en la
plaza pública. Libros que corresponden a una época intensa en la que me
motivaba intervenir en la realidad común y poner voz donde yo creía que había
demasiado silencio. Pero igual que el agua tiene sus cauces y sus mareas, la
vida tiene sus accidentes geológicos y en cada uno de ellos experimentamos
caídas y descubrimientos. Al iniciar esta trilogía con el poemario Agua
comencé a socavar la roca de lo público para excavar en la cueva de mi yo más
personal. Poner punto final a “La Liturgia del agua” con Mil juncos
en tu vientre no ha sido una liberación sino una sedimentación: siento que
he dejado depositado ahí todo lo que las pérdidas me obligaron a procesar. Y me
gusta cuando lo habéis llamado “un diario de resistencia” porque es un intento
de que el olvido no gane la partida, dejando constancia de una ausencia
presente, que necesito que continúe traspasando la grieta con su luz.
2.-Antes de que surgiera la trilogía ya en tu poemario Los zapatos del
indigente, uno de los poemas que llamó la atención fue “Mi
hermana nunca llora “, pero tú, tus poemas si lloran.
…”No sé escribir//ese poema esperanzador// que
ponga luz a mis tinieblas”. (pág. 31)
Al ser un poemario que aborda el duelo, la memoria
y la persistencia del amor hacia tu hermana .
C.T. ¿Cómo ha sido el proceso de transformar el
dolor de la perdida en una presencia tan viva, tan luminosa a través de la
poesía?
Mascab:
Ese proceso tiene mucho de alquimia y poco de elección. Cuando escribí "Mi
hermana nunca llora", no sabía que estaba trazando el mapa de lo que
vendría después. Si en esos textos anteriores la poesía era una forma de mirar
el mundo, esta trilogía se convirtió en el único lugar donde podía mirar a mis
hermanos sin que el dolor me cegara. Para lograr que la pérdida no fuese tan
solo ceniza, he tenido que aprender a mirar las fisuras y ver que esa
"luz" que mencionas no es una invención: es la luz que queda cuando
el duelo empieza a transmutarse en memoria.
En los poemas de este volumen no trato de ocultar la tiniebla de la entrega anterior, pero me negué a que fuesen solo un sumidero de angustia, necesitaba transformar el dolor, asomar un ojo por aquella grieta y descubrir que en el fondo de toda pérdida hay chispa de lo que se fue y que ese rayo de luz es capaz de contener la presencia luminosa del ausente.
3.- En los versos de “Atardece” (pág. 50), el agua muta. Ya no es
lluvia ni arroyo, es mar, y en ese mar, los juncos siguen naciendo en el
vientre de la hermana.
C.T. ¿De qué manera la naturaleza - a través de las imágenes del mar, la
arena, el barro, los juncos, la luz ...- te ayudó a materializar la ausencia
física de tu hermana?
Mascab: Siempre he tenido una relación
casi táctil con el entorno; como quien estudia un plano o contempla una
catedral, busco la estructura en lo natural. El mar, el barro o los juncos no
son ornamentos, son mi caja de herramientas. Cuando la ausencia se vuelve
inabarcable para la mente, la naturaleza ofrece una escala que podemos
comprender. El mar no es solo agua; en esta trilogía el agua es un vehículo de
memoria, un espacio de tránsito. Al convertir la ausencia en un paisaje —el mar
que irradia, el junco que resiste en el vientre—, he logrado que el duelo deje
de ser un callejón sin salida para convertirse en un terreno por donde poder
caminar sin perderme, y la naturaleza me ofreció ese mapa. Es una forma de
"pintar" mi tormenta interior sobre un lienzo que no se rompe sino
que se transforma.
4.- En tu poema “El atadijo”, leemos
“es difícil deshacerse de lo que una vez se amó / y guardamos en los altillos de la memoria”.
Aquí la pérdida no se oculta, se mira de frente, se habita.
C.T. ¿En qué momento sentiste que la poesía pasaba de ser un refugio a
convertirse en ese "acto de amor radical " que logra sostener lo
invisible?
Mascab:
Sucedió cuando comprendí que el poema no estaba ahí para protegerme a mí, no
era un búnker en el que debía esconderme para ocultar el dolor… era el lenguaje
para salvaguardar la memoria del ausente.
Dejé de escribir para "estar a salvo" y empecé a escribir para
"hacer visible" lo que la muerte intentaba borrar. Es un acto radical
de amor, porque exige desnudarse de toda pretensión y admitir que lo único que
tenemos frente a la nada es nuestra capacidad de nombrar las cosas y ahí, es
cuando el lenguaje se vuelve el único puente entre dos mundos y te das cuenta
de que el poema ya no es un refugio, sino un campo de batalla donde sostener lo
invisible a base de técnica, pero sobre todo una entrega absoluta al amor.
5.- Hay
otro poema que lleva por título “Nuestra sangre” (Pág. 74) donde dicen
tus versos: “el mar iridiscente revela mil juncos en tu vientre”...
C. T ¿Por qué has elegido los versos finales de
este poema como título del libro?
Mascab: La imagen de los "mil
juncos en tu vientre" posee una fuerza elemental que me cautivó. Es una
metáfora de la proliferación de la vida donde supuestamente debería haber
silencio o muerte. Porque la imagen de los juncos en el vientre es la antítesis
de la esterilidad de la muerte. "Mil juncos" suena a multitud, a vida
que se ramifica, a un interior que, lejos de estar vacío, está lleno de raíces
y de fuerza. Elegir ese verso fue mi forma de decir que, allí donde la muerte lo arrasó
todo, la memoria ha vuelto a sembrar.
Titular el libro así era mi manera de sellar el pacto: el vientre de mi
hermana no es un lugar de ausencia, es un lugar de origen. Es el punto exacto
donde la vida se niega a ser olvidada. un paisaje iridiscente que me permite
seguir tocando lo intangible.
6.-…Quiero ser pirámide de roca marina / que
alberga el polvo de tu sangre / la estrella boreal de tu eternidad. / Y quiero/
/sembrar auroras en tus cenizas (pág. 58)
Frente a la crudeza de la muerte y el vacío de la
ausencia, transformas el dolor en una siembra y teniendo en cuenta que el libro
funciona como un "gesto de resistencia frente al olvido" ... según se lee en la contraportada.
C.T. ¿Qué es
lo que más te gustaría que el lector descubra o sane al recorrer estás
páginas?
Mascab: No
aspiro a que el lector encuentre consuelo, porque el duelo es un territorio que
cada uno debe cruzar solo. Pero espero que descubra que las fisuras son parte
de nuestra arquitectura humana, que es posible habitar el vacío sin dejarse
devorar por él. Si al cerrar este libro, el lector siente que la muerte no es
un muro infranqueable, sino un horizonte que se puede contemplar —con dolor,
sí, pero con luz—, entonces el objetivo estará cumplido.
Espero que, al recorrer estas páginas, el lector aprenda lo que yo misma he
tenido que aprender: que el duelo no se supera, se habita, y que en esa
habitación, si sabemos mirar a través de las grietas, siempre hay espacio por
el que entra un pequeño rayo de luz y una pequeña gota de agua, capaces de
germinar una nueva vida.
Mascab: Quiero agradecerte todo lo que haces por difundir la poesía actual. Tu labor es imprescindible en una época donde la saturación y la inmediatez de las redes sociales, construyen el olvido momentáneo de aquello que se lee o se descubre. Con tus entrevistas para este blog, no solo demuestras que hay libros que merecen ser leídos o tenidos en cuenta, sino que indagas en el interior de sus autoras/es, para descubrir qué hay más allá de un título, unos poemas, una historia, un libro.
Gracias.
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https://www.editorialnuevaestrella.com/producto/mil-juncos-en-tu-vientre/
Chelo de la Torre
Asunción Caballero -Mascab-.
Autora de poesía y narrativa nacida en Cabeza del Buey, Badajoz (1960). Ha publicado cuatro antologías de poetas internacionales; siete libros de poemas y uno de relatos. Su obra ha sido traducida a varios idiomas y, editada y publicada en árabe, polaco, rumano, griego y chino. Ha prologado a otros autores y recogido premios y reconocimientos por su obra literaria, por su gestión cultural altruista y solidaria y por su activismo Intercultural. Impulsó, de manera altruista, la colección “La palabra inquieta” en la Editorial Nuevos Ekkos, y la revista cultural ASCHEL DIGITAL
BIOGRAFÍA COMPLETA (en este enlace)

