Mostrando entradas con la etiqueta Educación. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Educación. Mostrar todas las entradas

5 de noviembre de 2011

La educación del talento.

"Una cosa es la inteligencia, y otra el uso que hagamos de ella. Les pondré como ejemplo la vida de un alumno mío. Un muchacho de diecisiete años, con un altísimo cociente intelectual, muy estudiante, que llegó a la conclusión, tal vez cierta, de que era más inteligente que sus profesores y que el resto de sus compañeros. Como le gustaba mandar, se hizo cabecilla de una pandilla de chicos del barrio, más torpes que él. Se fue metiendo en pequeños delitos, le gustó manejar dinero, dejó los estudios, empezó a trapichear con drogas y ahora, a los veintitrés años, está en la cárcel. ¿Este muchacho es tan inteligente como dicen los test? Puede serlo, pero le falta esa inteligencia de nivel superior que es la encargada de dirigir adecuadamente todas las capacidades personales..."
JOSÉ ANTONIO MARINA, La educación del talento.

Esta estupenda frase me gustó mucho, la pensé verídica al cien por cien; me sentí como usa el autor, “en hombros de gigante”. Hoy la he recordado, y me ha hecho pensar.”¿Es tan inteligente como dicen los test?” Si os fijáis el libro en el que se presenta es el titulado La educación del talento.
Talento, según la RAE es:
1. m. inteligencia (‖ capacidad de entender).
2. m. aptitud (‖ capacidad para el desempeño o ejercicio de una ocupación).
3. m. Persona inteligente o apta para determinada ocupación.
4. m. Moneda…
¿Cuántas veces hemos recorrido la casa entera buscando algo que en principio teníamos justo a nuestro lado? ¿Somos torpes, tontos o simplemente no habíamos focalizado bien nuestra búsqueda? A mi entender el libro en sí, trata de eso: educar la focalización de las diferentes intelectualidades de cada uno.
Su alumno se descarrió, y lleva razón el autor en que le falta ese tipo de inteligencia de alto nivel, pero cuidado;¿esa inteligencia es innata? No; de ahí que Marina se haya molestado en escribir el libro.
Es tu educación lo que te predispone para focalizar mejor o peor las vicisitudes de la vida. Y ella te debe ser dada en la comunidad en la que creces, y si es posible, en un estadio determinado de tu desarrollo. Fuera de esto es un arduo trabajo para el más capacitado, que puede llevar años conseguirlo, y como se diría en mi pueblo: y muchos topetazos. Y lo normal es el fracaso.
Hoy en día vivimos en la sociedad del conocimiento, y no se equivoquen, por muchos derechos sociales que consigamos, ahí fuera peleamos una jauría de lobos. Desde que en la humanidad se pronunció el terrible vocablo ‘mío’, el mundo no ha parado de estar en guerra, ni las personas en esclavitud.
Actualmente existen personas que se tiran todo el día tramando como malgastar su dinero, mientras que la mayoría salen de casa de noche y otra vez es de noche cuando vuelven. Y al igual que las primeras, se tiran todo el día cavilando, pero éstas para saber cómo llegar a fin de mes. Sin tener tiempo para educarse ni para sacar de ese rol a su descendencia.
¿Recordáis el Indomable Will Hunting? Matt Damon es un chaval superdotado, en un nivel acaso sobrenatural. Lo sabe todo de todo, pero se quiere quedar en un barrio discriminado, con un trabajo precario. ¿Y sabéis por qué? Por solidaridad, por fidelidad a sus amistades; a los que de verdad han tenido las mismas oportunidades sociales que él.
“La familia educa, la escuela instruye.” José Antonio Marina.
Nos pasamos horas leyendo los diarios deportivos, la prensa sensacionalista. Nos sabemos las plantillas de los equipos, las relaciones sentimentales de menganica y fulanico. Malgastamos tiempo recopilando datos sobre cosas que ni por asomo nos interesan.
Es por lo que recomiendo a todos los que se precien a dar un trato de favor tanto a su familia, como a sí mismos, que lean La educación del talento de José Antonio Marina, así como toda la biblioteca UP.

Mis felicitaciones a los promotores de este blog. También mi agradecimiento por dejarme participar. Un saludo.

26 de octubre de 2011

PENSAR


Muchos leen para distraerse, otros para pensar.
El libro de Vergilio Ferreira, PENSAR, (ed. Acantilado), es un ejemplo de los que se recomendaría a los del segundo grupo.
Copio a continuación algunos pensamientos que este autor nos regala en esta obra.
¿Libros que me distraigan? Ya estoy bastante distraído conmigo mismo. No tanto los libros que me aumentan el saber, como los que me aumentan a mi. Somos inmensos pero atrofiados. Por eso me importan los libros que desarrollan lo que soy. Ignoramos que somos tantas cosas, sólo porque el embrión no se nos desarrolló hasta hacerse visible. Un libro que me aumente, no que se me aumente. Es mucho lo que he acumulado. Y lo que he sido, es muy poco.
No podrás vencer a la muerte. Pero clávale la vida como un banderillero y verás que muchas veces cabecea en el vacío.
Entre la infinidad de posibilidades de no haber nacido, tuviste la suerte de nacer. Si te hubiese tocado “el gordo” los habría que te admirarían de que te hubiera tocado. Quizá tú mismo dirías que parece un “sueño”, que es increíble, que todavía no has vuelto en ti de asombro. Pero esa fue la suerte de un número entre decenas o incluso centenas de miles. Pero que hayas nacido es haber tenido la suerte entre billones y billones de posibilidades negativas. Te tocó el número inscrito en un grano de arena del universo. Y tienes el privilegio increíble de ver el sol, las flores, los animales. De oír los pájaros y el viento. Y a pesar de todo, qué fácilmente te olvidas de todo eso. Pronto todo se te borrará en silencio. Pronto la oportunidad de estar vivo desaparecerá. Probablemente nadie más sabrá que has existido. Y un día tampoco se sabrá nada de los que lo supieron.
Ir a ver el mar. Verlo de vez en cuando y siempre con la misma fascinación. ¿Qué hay en él para que nos fascine así? Su fuerza inmensa ante nuestra pequeñez. Su misterio visible e inquietante porque es lo invisible de su visibilidad. Lo irrisorio de su absurda convulsión y la señal indefinida que viene de detrás del horizonte y que no sabemos qué es. El olor a espacio, una memoria confusa de aventura, la prueba presente de su infinidad ausente, nuestra dilatación por un poder inmenso, una cierta complicidad con Dios.