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14 de agosto de 2012

La fuente y la muerte: relato poético de una época


Desde el jueves por la noche me queman los dedos y me palpitan las palabras en el pecho y en la cabeza. No todos los libros que leo los comento en el blog; algunas veces por falta de tiempo, pero casi siempre por falta de pasión; porque la historia que me cuentan me ha dejado fría. De hecho, confieso que algunos los dejo abandonados sin pasar de las primeras páginas. No lo puedo remediar. A mí me gusta la literatura porque me emociona, o porque me esté contando algo intelectualmente muy jugoso. El caso de La fuente y la muerte me ha fascinado desde sus primeras líneas.  Sin embargo, me temo que este libro va a ser leído por muy poca gente. Ni su autor, ni la editorial gozan de esos privilegios de los medios, que hacen que algunos libros sin mucho interés salgan a la luz del día y además den pingües beneficios a sus autores. Se trata de una obra sencilla, como su propio autor: Pedro Sevilla, un poeta de Arcos de la Frontera, un pueblo blanco, situado a pocos kilómetros de Jerez; entrando ya en la sierra gaditana. Arcos es un lugar hermoso donde, según parece, es fácil ser poeta. Bueno, es un decir, porque poeta… poeta… no es cualquiera
Pedro es un hombre de la sierra. Es así como yo lo definí la primera vez que lo vi y que hablé con él en el despacho del Ayuntamiento de Arcos. Era entonces un concejal que se ocupaba de temas culturales y de enseñanza. El caso es que fui a verlo porque le quería proponer un proyecto de animación a la lectura para las escuelas del pueblo. Se mostró sumamente amable e interesado por lo que le ofrecía y quedamos en que me daría una respuesta en breve. Recuerdo que me regaló un libro sobre literatura oral, tema del que estuvimos hablando en la entrevista. 
Debo confesar que lo primero que pensé al salir de aquel despacho fue que aquel hombre no parecía un político. Tenía algo que lo diferenciaba de la mayoría de los que conozco, personalmente o por los medios: autenticidad. Pedro era de verdad. Ni sus gestos ni sus palabras tenían otra pretensión que la de comunicarse sincera y honestamente conmigo. Ni siquiera se esforzaba en sonreír. Sí, porque este hombre tan parco, tan sobrio en palabras y en gestos, es fundamentalmente triste. Pero tuve la impresión de que me podía fiar de él; de que no iba a decir una cosa y a hacer otra. Porque este hombre rezuma credibilidad y coherencia.
Después de ese día busqué sus libros. Quería confirmar mis apreciaciones. Lo leí y me encantó su poesía; quizás por lo sencilla, porque al fin y al cabo no me considero una entendida.
Hacía tiempo que no sabía de él. Su mundo y el mío no han coincidido más que en ese momento que describo. Y ahora lo encuentro en este hermosísimo libro.
Lo primero que llama mi atención es la portada: escena en la calle de un pueblo blanco: el burro que vuelve cargado de la huerta, los niños jugando y seguramente observando al retratista mientras éste hace la foto, y la mujer vestida de negro, ajena, caminando junto al animal. Es una imagen de los años cincuenta, como mucho de principio de los sesenta.

27 de abril de 2012

"DIARIO DE INVIERNO". Paul Auster.

Anagrama, 2012. 243 págs.


Paul Auster: un fenómeno.
Con sus relatos,  sus novelas, sus guiones cinematográficos.
Y ahora va, y nos cuenta su vida.
Su vida desde la perspectiva de los 64 años, edad más que suficiente para ello.
Saltos. Atrás y adelante. Al pasado y al presente. Y presintiendo futuros. Posibles futuros.

"No, no quieres morir, y aun cuando te acercas a la edad de tu padre cuando su vida tocó a su fin, no has llamado a ningún cementerio para reservar sepultura, no has regalado ninguno de los libros que con seguridad jamás volverás a leer, ni te has aclarado la garganta para empezar a despedirte."

Enumeración de todos los hogares a lo largo de su vida, con las más sabrosas vivencias que les correspondieron.

"Sin duda eres una persona precaria y dolida, un hombre que lleva una herida en su interior desde el principio mismo (¿por qué, si no, te has pasado toda tu vida adulta vertiendo palabras como sangre en una hoja de papel?), y las recompensas que te brindan el alcohol y el tabaco te sirven de muletas para que tu lisiado ser se mantenga erguido y pueda moverse por el mundo. Automedicación, como lo llama tu mujer. (...) Tu mujer tolera tus debilidades y no te riñe ni te suelta sermones, y si se preocupa, es sólo porque quiere que vivas eternamente. Enumeras las razones por las que te has mantenido tan unido a ella durante tantos años, y sin duda ésa es una más, una de las brillantes estrellas que titilan en la vasta constelación del amor perdurable."


Enumeración de sus vicios.
Enumeración de todos los actos que una persona puede realizar en todos esos años.
Enumeración de todos los actos que una persona puede realizar en todos esos años con su mano diestra.

Estos últimos nos podrían resultar cansinos, incluso ordinarios, a no ser porque los leemos de la pluma de uno de los, a mi juicio, grandes maestros contemporáneos.

"Se te ocurre que durante el largo viaje de la niñez hasta aquí rara vez ha habido un momento en que no hayas estado enamorado. Treinta años de matrimonio, sí, pero en los treinta anteriores, ¿cuántos caprichos y enamoramientos, cuántas pasiones, cuántos delirios y afanes, cuántas oleadas de loco deseo? Desde el comienzo mismo de tu vida consciente, has sido un solícito esclavo de Eros. Las chicas que amaste de niño, las mujeres que quisiste ya hombre, cada una diferente de las demás, delgadas unas y otras rellenas, bajas y altas, intelectuales y atléticas, sociales y temperamentales, blancas y negras y algunas asiáticas, nada en su apariencia te importaba realmente, todo estaba en la luz interior que percibieras en ella, la chispa del carácter, la llama de la identidad revelada, y esa luz  la hacía  bella para ti, aunque otros estuvieran ciegos ante la belleza que tú veías, y entonces te morías por estar con ella, cerca de ella, porque la belleza femenina es algo que nunca has podido resistir."

Las heridas del cuerpo y del alma, los deseos, los fracasos, las risas, las conversaciones, los recuerdos, los accidentes, los pánicos. (Ya caí yo también en la enumeración...)

"Como no sabes nada de tus orígenes, hace mucho que decidiste presumir de que eres un compuesto de todas las razas del hemisferio oriental, en parte africano, árabe, chino, indio y caucasiano, el crisol de muchas civilizaciones enfrentadas en un solo cuerpo. Lo mismo que cualquier otra cosa, es una postura moral, una forma de eliminar el asunto de la raza, a tu juicio un falso problema que sólo puede traer deshonor a la persona que lo saque a relucir, y por tanto has decidido conscientemente ser todo el mundo, aceptar a todos los que llevas en tu interior con objeto de ser tú mismo de una forma más libre y plena, puesto que la cuestión de quién eres es un misterio y no albergas esperanzas de que algún día se resuelva."


Inventario de vivencias, autorretrato dibujado con deliciosas y enérgicas pinceladas, con una especial dedicación a la figura de su madre y, en otro plano, a la de su actual esposa desde hace 30 años: la escritora de origen noruego Siri Hustvedt.

Un homenaje a sí mismo y a todos los que gustamos de las letras de este gran escritor.