Mostrando entradas con la etiqueta Cuentos. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Cuentos. Mostrar todas las entradas

2 de marzo de 2014

Cuentos con niño



Cuando se elige un libro para ser leído, varios son los factores que intervienen en la decisión (perfil del lector, naturaleza de la obra…), por ese motivo, recomendar una lectura supone un cometido bastante arriesgado, porque siempre existe la duda de si vamos a encontrar al lector adecuado.
Sin embargo, a pesar de estas consideraciones y porque la obra creo que lo merece,  me atrevo hoy a proponer la lectura de Cuentos con niño, libro escrito por José Antonio Ramos, un profesor de Lengua y Literatura. Está publicado en Bubok y se puede descargar de forma GRATUITA en el enlace siguiente:
Mi recomendado cobija en sus páginas diecisiete relatos en los que niños y adolescentes desempeñan un papel destacado en los acontecimientos narrados. En ellos se relatan situaciones cotidianas que no resultan ajenas al lector; en ocasiones, se tiene la sensación haber sido testigo de alguna de ellas, lo que supone una mayor complicidad del lector con la historia contada. El autor, con un lenguaje directo, preciso, riguroso, ameno y, a veces, aderezado con una generosa dosis de ironía y humor, da vida a una galería de personajes que con su acción van conformando la variada trama de los cuentos narrados. No quiero terminar sin antes hacer una referencia a las ilustraciones que acompañan al texto: dan la impresión de haber sido dibujadas por un personaje del libro o, al menos, a mí me lo parece.
Espero haber acertado con mi propuesta; si así fue, mucho mejor…

24 de febrero de 2014

UNA MANADA DE ÑUS, JUAN BONILLA

¿Se puede contar la vida como si fuera manada de relatos, mezclando recuerdos personales, llevando al límite hechos cotidianos en los que cualquiera  pueda verse reflejado?



Juan Bonilla nos presenta unos cuentos en los que conviven  la juventud  y la madurez de sus personajes, los recuerdos, la frustración que lleva a la reflexión. Como cita Guillermo Busutil en su  reseña de la revista Mercurio: nos  muestran al antihéroe en cada uno de estos sucesivos yoes que componen el yo del autor que no esconde su nombre ni su juventud como aprendiz de escritor. El antihéroe en que se convirtió aquel muchacho tímido e inteligente que soñaba otra vida, aunque no creo que nunca lleguemos a vivir la vida que soñamos.

Relatos  atravesados por Una manada de Ñus, esa metáfora compuesta por animales extraños que según se miren pueden parecer toros, caballos o  antílopes, mientras cruzan el río de la vida, lleno de cocodrilos que a dentelladas van dejando en el camino algunos, para que el resto pueda seguir adelante. Así es la vida, como en Cuidados Paliativos dónde en la habitación de un hospital  se convive con extraños que van pasando, extraños que se vuelven como de la familia, de tanto respirar  el mismo aire viciado se convierte en adictivo. Este relato es uno de los que más me ha gustado del libro, aunque no puedo decir que  alguno  me haya decepcionado.

Tú sigue por donde vas que no vas a ninguna parte. ¿Quién no siente a veces a ese hijo adolescente que vive en su habitación como un inquilino, un desconocido que vive bajo el mismo techo y que puede jugar a la duplicidad?

Brooke Shields  es el relato que hace homenaje al cine, a esa primera vez  en aquellos adolescentes del Lago azul, o en la que se va solo a ver la película de tu estrella favorita, dónde conviven presente y pasado, historias que se encuentran.

Los relatos de Bonilla se sienten, se viven, se recuerdan en cualquier momento, como cuando vas a sacar dinero al cajero y no recuerdas la clave de la tarjeta, increíble como ha logrado construir un relato y rizar el rizo con algo tan simple en Sólo tienes que resistir hasta mañana.

O cómo buscar El Sol de Andalucía embotellado en una ciudad gris, cómo puede sentirse la soledad hasta la médula en una habitación de hotel mientras escuchas gritar gol en la habitación de al lado al mismo tiempo que tu equipo marca el gol que le hará subir a primera división y sientes deseo de hablar con ese alguien y a la vez te sientes paralizado ante la incertidumbre de lo que puedes encontrar al otro lado.

Sin duda alguna, la manera de hacer una Subasta Holandesa con la propia vida. ¿Quién no ha escrito alguna vez una lista con esos deseos que quiere cumplir antes de los cuarenta, y cuando esa lista llega de nuevo a tus manos, compruebas que no fuiste capaz de enderezar el destino hacia aquellos deseos irracionales de entonces y desde ese trozo de papel el adolescente que fuiste te pide cuentas?

Una vez escuché decir a Juan Bonilla que ser escritor es una manera de evitar  cometer delitos, que escribiendo se desquita uno de las obsesiones que pueden llegar a atormentarte. En El Llanto, el protagonista graba el llanto del bebé del vecino para vengarse algún día. Cada vez que escucho al niño de mi vecino con el llanto desconsolado me entran ganas de poner la grabadora.

En Justicia poética dos jóvenes llevan a  cabo una venganza, “Porque leer es un arma de doble filo. Y más en la adolescencia. La pasión por la literatura en ciertos adolescentes es muy peligrosa” admite con una sonrisa Bonilla, cómplice del guiño al poeta Fonollosa.



Sin duda alguna uno de los mejores libros de relatos que he leído este año. Aún tengo pendiente leer su novela “Prohibido entrar sin pantalones” publicada en 2013 también.

 Leer a Juan Bonilla es una apuesta segura.

8 de julio de 2013

EL CUARTO AZUL


Autora: 

Rosamunde Pilcher escritora nacida en Escocia, el 22 de Setiembre de 1924, su nombre de soltera es Spot y sus primeros cuentos los escribió con el seudónimo de Jane Fraser, al casarse con Graham Pilcher se dedicó profesionalmente a escribir con el nombre de su esposo Pilcher y se instaló en una granja en Escocia,  tuvo 4 hijos. 
De soltera trabajó como secretaria, formó parte del servicio femenino de la armada real, fue empleada del Ministerio de Relaciones Exteriores, desde joven le gustaba hacer historias pero solo se dedicó profesionalmente al casarse.
Otros datos de interés: "La Alcoba Azul" (2003) titulo original "The Blue Bedroom and other story" traducción de "El Cuarto Azul" (Emece Editores).  Aparecieron en su edición original en Ingles con otros títulos y en distintas fechas.


COMENTARIO: La escritora ha reunido varios cuentos que caracterizan por sus descripciones en el ambiente rural donde viven la mayoría de sus personajes, no pude dejar de pensar en la diferencia entre los granjeros de los países del primer mundo y los campesinos del 3° mundo. A pesar del duro trabajo en el campo tienen posibilidad de ir al pueblo en auto, mientras en otros lugares la pobreza es extrema.
Todos los cuentos destacan el trabajo de la mujer como madre, ama de casa trabajando gratis para la economía familiar, otro detalle en muchos cuentos hay un personaje que muere o fallecido influyendo en la conducta sea por el recuerdo o por otro motivo. Los cuentos son variados y entretenidos.
En "Amita"  hija de hindú con francesa la familia del marido le hace sentir la diferencia racial.

"El Cuarto Azul" Emily le desagrada que su madrasta duerma en el cuarto de su madre fallecida, pero llega el momento que reacciona positivamente para ayudarla en momento que va nacer su hermana.

"La señorita Camerón en navidad" me parece la historia de un padre egoísta y avaro.

"En casa durante el día" James trabaja en una compañía en Londres, su jefe al verlo estornudar lo manda a su casa de miedo del contagio, James espera trabajar el informe al lado de su esposa, pero ella trabaja sin descanso y no tiene tiempo de atenderlo es una mujer maquina sin parar a mi modo de ver, sin tiempo para pensar en otra cosa que las obligaciones del hogar. En ese sentido me parece un cuento muy actual que los días pasan con tanto trabajo que no hay tiempo para lo que se desea hacer.

"Una noche para recordar" que muestra como una mujer sale de un acontecimiento imprevisto para ayudar a su marido.

En estos trece cuentos podemos ver distintos modos de reaccionar a los acontecimientos de la vida y la resistencia de la mujer en el trabajo.

8 de septiembre de 2012

La Princesa que creía en los cuentos de Hadas



El cuento de hadas que hoy os traigo, es una alegoría acerca de las creencias que algunas mujeres tenemos arraigadas tan profundamente, que sin darnos cuenta, han ido construyendo elevadas murallas de las que no sabemos o no queremos, poder escapar.

Es una búsqueda con camino hacia nuestro interior que nos acercará a la verdad, a nuestra individual y auténtica verdad, ésa que no tiene por qué ser, ni es, la misma para todos, pues nos pertenece tanto como nuestra propia identidad.

En muchos tramos de nuestras vidas, caminamos sobre las huellas que otros marcaron. Actuamos, pensamos y decimos lo que nuestros padres y maestros nos mostraron. Nos anclamos al camino trazado asumiendo que en las veredas solo podemos encontrar peligros e inseguridades. Asumimos los miedos y temores que otros dibujaron para nosotros impidiéndonos sin ellos saberlo, que nos convirtiéramos en exploradoras de nuestra propia vida. En dueñas de nuestras decisiones...

Muchas mujeres de nuestra generación, acatamos sin réplica lo que por nuestro bien otros decidían...

Hasta que un día (a veces pronto y/o a tiempo, y otras demasiado tarde), descubrimos que existen otros caminos que nadie cercano a nosotras transitaron. Son aquellos caminos que nos llevan a nuestro propio "yo", ése que aprende a elegir por sí solo responsabilizándose de sus equivocaciones y sus aciertos. En los que no consentimos que "otros", decidan por nosotras.

En ocasiones, como padres (los nuestros e incluso nosotros mismos como tales), inducen (inducimos), para que los hijos consigan aquellos logros que ellos no alcanzaron. Desean que sus experiencias nos (les),  iluminen y valgan como libro de vida. Anulando en demasiadas ocasiones el crecimiento personal de los hijos. Neutralizando sus deseos, incluso creándoles ilusiones que lejos de serles válidas, les ayudan a ser infelices.

El cuento de Marcia Grad Powers nos muestra la llave para abrir los portones de nuestras propias murallas...


"(...)La felicidad es una elección. Una vez que se ha hecho la elección, debes practicar la felicidad lo mejor que sepas, aunque tengas que fingir hasta que lo consigas. Las acciones originan pensamientos, y éstos a su vez, condicionan nuestros pensamientos".

"(...)No se puede huir de los problemas al igual que no podemos deshacernos de nuestra propia sombra. Huir de algo no es la solución (...)"

"(...) El amor le hace a uno sentirse bien -dijo Doc-, Si no es así, no es amor(...) Si sientes dolor muchas más veces que felicidad, no es amor. Es algo más que te obliga a estar encerrada en tu propia cárcel, incapaz de ver que la puerta hacia la libertad está delante de ti abierta de par en par (...)".

"(...)Algunas personas tienen que llegar a tocar fondo para que quieran aprender a salvarse. Es más, incluso en esos momentos, los hay que siguen sin atreverse a intentarlo (...) A veces, debes renunciar a quedarte y comenzar a andar (...)la vida no viene con el certificado de garantía. Puedes aprovechar una oportunidad o dejarla pasar. (...)La única seguridad que existe es la de saber que uno puede cuidarse de sí mismo".

Estas citas son tan solo algunas de las muchas que podéis encontrar en este cuento de hadas que seguro, te ayudará a descubrir un poquito de tu verdad.

 "Simboliza el viaje que todos hacemos en la vida a medida que separamos la ilusión de la realidad y descubrimos quiénes somos y cómo funciona ese milagro cotidiano que es la vida" (reseña de la editorial -Obelisco-).

"La princesa que creía en los cuentos de hadas", es una lectura sencilla y amena, de fácil y agradable lectura que se deja leer cómodamente mientras tomamos el sol en la hamaca (218 páginas), que se leen durante los "respiros" de un par de días para el descanso....


20 de diciembre de 2011

Cuentos Macabros, que no malvados

Viniendo de donde vengo, y con el título “Cuentos macabros”, algunos que me conozcan, creerán que voy a reseñar el libro de Espido Freire con parecido título ("Cuentos malvados"). Pero no es así, ha sido una pequeña trampa o un guiño a quienes creen conocerme, porque hoy, dejaré a un lado los cien microrrelatos aterradores y malvados de Espido, y me concentraré en otros cuentos malvados pero  muy “macabros”.

La edición que tengo en mis manos, Cuentos Macabros de Edgar Allan Poe (1809-1849), incluye cuentos fantásticos que te enganchan desde las primeras líneas hasta sus finales respectivos. Poe fue un maestro en el arte de narrar en corto, y su gran aportación a la literatura universal fueron precisamente sus relatos breves o cuentos cortos. Si os adentráis en sus páginas, comprobaréis cómo transcurre la escena en un sólo lugar, y cómo sin demasiado artificio, podríais después perfectamente dibujar o describir el ambiente o la atmósfera con todos sus detalles. Una vez dentro de la escena, os sentiréis parte del personaje y de su inquietud o su delirio, su depresión o su agonía, porque Poe, es maestro en transmitirnos la esencia del misterio que le rodea, y también de su interior. Como buenos cuentos macabros, no esperemos que un hada buena se cruce en el camino y los finales sean adornados de besos y abrazos. Pero estando preparados a ello, soportaremos cualquier pasaje malsano o aterrador. ¿Qué haría un personaje obsesionado por conseguir una dentadura completa?, y ¿por deshacerse de un gato ....


Los podemos encontrar traducidos por Julio Cortázar y comentados por 67 autores hispanoamericanos en la edición de Páginas de Espuma, pero el que yo os cuento hoy, y sin desmerecer en nada al anterior, es una edición muy especial, con 8 cuentos escogidos : Berenice, El gato negro, La isla del hada, El corazón delator, La caída de la casa Usher, El retrato oval, Morella y Ligeia,  también traducidos por Julio Cortazar, la mejor traducción que puede encontrarse desde que fueron publicados por primera vez en 1956.

Es un libro negro, un azabache en vuestras estanterías, un lujo para los que amamos la buena literatura acompañada de bellas ilustraciones. Sus paginas, alternan cuentos en fondo negro y en fondo blanco, y las ilustraciones de Benjamin Lacome lo convierten en un libro de deseo propio, y también para regalar.

Benjamin Lacome es un ilustrador francés cuyo trabajo y obra lo podréis encontrar en multitud de títulos editados por Edelvives; “Genealogía de una bruja” es el más veces reeditado y traducido a diferentes idiomas. Y para poner la guinda que lo endulza, se dedican casi treinta páginas, desde la 159, a la vida y obra de Edgar Allan Poe con las palabras de un gran escritor, Charles Baudelaire, que encontró "El gato negro" de  Edgar en 1847, investigó su vida y obra, y escribió : Edgar Allan Poe, su vida y sus obras.

Desde la portada de “Cuentos Macabros” (Edelvives 2011) os mirará una mujer de luto con un rosario en la mano y unos ojos perdidos o casi sin vida. Si creéis que puede asustar a quien hayáis pensado para regalarlo : os doy un consejo .... no lo regaléis ... ¡quedároslo! y colocaros unos guantes de lana para no engrasar sus bellas páginas, y unas buenas lentes para desentrañar todas sus historias.

A falta de una semana para las fechas navideñas, guardaros esta reseña en el bolsillo por si en un momento de apatía, deseáis cogerlo en vuestras manos.

Des - demispalabrasylasvuestras - con mucho cariño, Laura.

8 de noviembre de 2011

El almohadón de pluma

 
El almohadón de pluma es uno de los cuentos de locura, amor y muerte de Horacio Quiroga. A mi aita le gustaba mucho este escritor y él fue el que me introdujo en su lectura cuando todavía era una jovencita.
Y este fue el primer cuento que leí con él, un cuento que me causó una gran impresión y cogí la manía de no dormir con almohada aunque la mia no era de pluma, pero por si acaso, ya sabeís.

Como el cuento es corto, lo transcribo enterito, a ver si os pica la curiosidad y, los que no conozcais su obra, vais corriendo a leer algo más de este gran cuentista Uruguayo que desplegó todo su instrumento expresivo en estas narraciones cortas donde están sus mejores páginas, con El Salvaje (1920), con Los Cuentos de la Selva para los niños (1921), y con Anaconda (1923), que es la epopeya de las víboras. Son estos relatos últimos, donde tan hondamente se adentró imaginariamente en la psicología zoológica, los que  han valido a Quiroga el título de <Kipling sudamericano>.
Para darle un toque más de novedad que de originalidad, me he permitido leer el cuento en voz alta, así, si os viene de gusto, lo podréis leer y escuchar al mismo tiempo, espero que os guste mi tempo de lectura, solo teneis que clicar sobre el play del reproductor.














EL ALMOHADÓN DE PLUMA


Su luna de miel fue un largo escalofrío. Rubia, angelical y tímida, el carácter duro de su marido heló sus soñadas niñerías de novia. Ella lo quería mucho, sin embargo, aunque a veces con un ligero estremecimiento cuando volviendo de noche juntos por la calle, echaba una furtiva mirada a la alta estatura de Jordán, mudo desde hacía una hora. Él, por su parte, la amaba profundamente, sin darlo a conocer.
Durante tres meses -se habían casado en abril- vivieron una dicha especial. Sin duda hubiera ella deseado menos severidad en ese rígido cielo de amor, más expansiva e incauta ternura; pero el impasible semblante de su marido la contenía siempre.
La casa en que vivían influía no poco en sus estremecimientos. La blancura del patio silencioso -frisos, columnas y estatuas de mármol- producía una otoñal impresión de palacio encantado. Dentro, el brillo glacial del estuco, sin el más leve rasguño en las altas paredes, afirmaba aquella sensación de desapacible frío. Al cruzar de una pieza a otra, los pasos hallaban eco en toda la casa, como si un largo abandono hubiera sensibilizado su resonancia. En ese extraño nido de amor, Alicia pasó todo el otoño. Había concluido no obstante por echar un velo sobre sus antiguos sueños, y aún vivía dormida en la casa hostil, sin querer pensar en nada hasta que llegara su marido.
No es raro que adelgazara. Tuvo un ligero ataque de influenza que se arrastró insidiosamente días y días; Alicia no se reponía nunca. Al fin una tarde pudo salir al jardín apoyada en el brazo de su marido.  Miraba indiferente a uno y otro lado. De pronto Jordán, con honda ternura, le pasó muy lento la mano por la cabeza, y Alicia rompió en seguida en sollozos, echándole los brazos al cuello. Lloró largamente todo su espanto callado, redoblando el llanto a la más leve caricia de Jordán. Luego los sollozos fueron retardándose, y aún quedó largo rato escondida en su cuello, sin moverse ni pronunciar  una palabra.
Fue ese el último día en que Alicia estuvo levantada. Al día siguiente amaneció desvanecida. El médico de Jordán la examinó con suma atención, ordenándole calma y descanso absoluto.
-No sé -le dijo a Jordán en la puerta de calle.  Tiene una gran debilidad que no me explico. Y sin vómitos, nada... Si mañana se despierta como hoy, llámeme enseguida.
Al día siguiente, Alicia amanecía peor. Hubo consulta. Constatóse una anemia de marcha agudísima, completamente inexplicable. Alicia no tuvo más desmayos, pero se iba visiblemente a la muerte. Todo el día el dormitorio estaba con las luces prendidas y en pleno silencio. Pasábanse horas sin que se oyera el menor ruido. Alicia dormitaba. Jordán vivía casi en la sala, también con toda la luz encendida. Paseábase sin cesar de un extremo a otro, con incansable obstinación. La alfombra ahogaba sus pasos. A ratos entraba en el dormitorio y proseguía su mudo vaivén a lo largo de la cama, deteniéndose un instante en cada extremo a mirar a su mujer. Pronto Alicia comenzó a tener alucinaciones confusas y flotantes al principio, y que descendieron luego a ras del suelo. La joven, con los ojos desmesuradamente abiertos, no hacía sino mirar la alfombra a uno y otro lado del respaldo de la cama. Una noche  quedó de repente con los ojos fijos. Al rato abrió la boca para gritar, y sus narices y labios se perlaron de sudor.
-¡Jordán! ¡Jordán! -clamó, rígida de espanto, sin dejar de mirar la alfombra. Jordán corrió al dormitorio, y al verlo aparecer Alicia lanzó un alarido de horror.
-¡Soy yo, Alicia, soy yo!
Alicia lo miró con extravío, miró la alfombra, volvió a mirarlo, y después de largo rato de estupefacta confrontación, volvió en sí. Sonrió y tomó entre las suyas la mano de su marido, acariciándola por media hora temblando. Entre sus alucinaciones más porfiadas, hubo un antropoide, apoyado en la alfombra sobre los dedos, que tenía fijos en ella los ojos.
Los médicos volvieron inútilmente. Había allí delante de ellos una vida que se acababa, desangrándose día a día, hora a hora, sin saber absolutamente cómo. En la última consulta Alicia yacía en estupor mientras ellos la pulsaban, pasándose de uno a otro la muñeca inerte. La observaron largo rato en silencio y siguieron al comedor.
El  médico de cabecera se encogió de hombros y desalentado dijo-. Es un caso inexplicable... Poco hay que hacer...
-¡Sólo eso me faltaba! -resopló Jordán. Y tamborileó bruscamente sobre la mesa.
Alicia fue extinguiéndose en subdelirio de anemia, agravado de tarde, pero que remitía siempre en las primeras horas. Durante el día no avanzaba su enfermedad pero cada mañana amanecía lívida, en síncope casi. Parecía que únicamente de noche se le fuera la vida en nuevas oleadas de sangre. Tenía siempre al despertar la sensación de estar desplomada en la cama con un millón de kilos encima. Desde el tercer día este hundimiento no la abandonó jamás. Apenas podía mover la cabeza. No quiso que le tocaran la cama, ni aún que le arreglaran el almohadón. Sus terrores crepusculares avanzaban ahora  en forma de monstruos que se arrastraban hasta la cama y trepaban dificultosamente por la colcha. Perdió luego el conocimiento. Los días finales deliró sin cesar a media voz. Las luces continuaban fúnebremente encendidas en el dormitorio y la sala. En el silencio agónico de la casa, no se oían más que el delirio monótono que salía de la cama, y el sordo retumbo de los eternos pasos de Jordán.
Alicia murió por fin. La sirvienta, cuando entró después a deshacer la cama, sola ya, miró un rato extrañada el almohadón.
-¡Señor! -llamó a Jordán en voz baja-. En el almohadón hay manchas que parecen de sangre.
Jordán se acercó rápidamente y se dobló sobre aquel. Efectivamente, sobre la funda, a ambos lados del hueco que había dejado la cabeza de Alicia, se veían manchitas oscuras.
-Parecen picaduras -murmuró la sirvienta después de un rato de inmóvil observación.
-Levántelo a la luz -le dijo Jordán.
La sirvienta lo levantó, pero enseguida lo dejó caer, y se quedó mirando a aquél, lívida y temblando. Sin saber por qué, Jordán sintió que los cabellos se le erizaban.
-¿Qué hay? -murmuró con la voz ronca.
-Pesa mucho  -articuló la sirvienta, sin dejar de temblar.
Jordán lo levantó; pesaba extraordinariamente. Salieron con él, y sobre la mesa del comedor Jordán cortó funda y envoltura de un tajo. Las plumas superiores volaron, y la sirvienta dio un grito de horror con toda la boca abierta, llevándose las manos crispadas a los bandós. Sobre el fondo, entre las plumas, moviendo lentamente las patas velludas, había un animal monstruoso, una bola viviente y viscosa. Estaba tan hinchado que apenas se le pronunciaba la boca.
Noche a noche, desde que Alicia había caído en cama, había aplicado sigilosamente su boca -su trompa, mejor dicho- a las sienes de aquélla, chupándole la sangre. La picadura era casi imperceptible. La remoción diaria del almohadón sin duda había impedido al principio su desarrollo; pero después que la joven no pudo moverse, la succión fue vertiginosa. En cinco días, en cinco noches, había el monstruo vaciado a Alicia.
Estos parásitos de las aves, diminutos en el medio habitual, llegan a adquirir en ciertas condiciones proporciones enormes. La sangre humana parece serles particularmente favorable, y no es raro hallarlos en los almohadones de pluma.  

22 de agosto de 2011

El lobo calumniado



Uno de los “culpables sin juicio” mas clamorosos de la literatura Universal es sin duda alguna El Lobo Feroz que intentó comerse a Caperucita. El escritor americano Lief Fearn ha escrito una nueva versión del cuento y desde el punto de vista del lobo.
 
Lief Fearn. Los juicios  justos, justos,  y el derecho de los acusados a ser escuchados.


El Lobo Calumniado
  
El bosque era mi hogar. Yo vivía allí y lo cuidaba, intentando mantenerlo limpio y arreglado.
Entonces una mañana soleada, mientras yo estaba recogiendo basura dejada por algún excursionista, oí unos pasos. Me escondí detrás de un árbol y vi una muchacha más bien fea que venía por el camino con un cesto. La niña me pareció sospechosa por la forma tan curiosa en que iba vestida, todo de rojo y con la cabeza cubierta por una capucha, como si no quisiera que nadie supiese quién era. Naturalmente, la detuve para averiguar algo. Le pregunté quién era, adónde iba, de dónde venía y todo eso. Me contó, cantando y bailando, una historia sobre su abuela, a la que, según dijo, iba a ver con un cesto de comida. En principio parecía una persona honrada, pero estaba en mi bosque y la verdad es que tenía un aspecto sospechoso con su extraño atuendo; así que decidí enseñarle lo serio que es cruzar el bosque haciendo cabriolas, disfrazada y sin avisar previamente.
 
Dejé a la niña seguir su camino, pero yo corrí a casa de la abuela. Cuando le expliqué mi problema, la buena señora convino en que su nieta necesitaba una lección. Estuvo de acuerdo en esconderse hasta que yo la llamase, y se metió debajo de la cama. Cuando la niña llegó, la invité a pasar al dormitorio, donde yo estaba acostado y vestido como la abuela. Ella entró, toda sonrosada, y dijo algo desagradable sobre mis grandes orejas. Como ya me han insultado otras veces así, lo tomé lo mejor que puede, y le dije que mis grandes orejas me ayudaban a oír mejor. 
Lo que quería decirle es que la apreciaba y quería prestar mucha atención a lo que estaba diciendo; pero a continuación me dirige otra burla sobre mis ojos saltones. Pueden hacerse una idea de cómo estaba empezando a ponerme la niñita, en apariencia tan educadita paro luego tan desagradable. De todas formas seguí con mi política de poner la otra mejilla y le dije que mis grandes ojos servían para verla mejor. Pero su siguiente insulto de verdad que me llegó al alma. Ya saben el problema que tengo con mis dientes salidos; bueno, pues la niña me soltó una broma muy insultante sobre ellos. Sé que debería haberme controlado, pero lo cierto es que salté de la cama y le gruñí diciendo que mis dientes me servirían para comerla mejor.
Bueno, hablando en serio, todo el mundo sabe que ningún lobo se comería jamás a ninguna niñita, pero la muy estúpida se puso a correr por toda la casa chillando, y yo detrás para tranquilizarla. Me había quitado ya las ropas de la abuela, pero esto sólo empeoró las cosas. Y de pronto la puerta se derrumbó con estrépito y apareció un enorme leñador con su hacha. Le miré y me di cuenta de que me había metido en un buen lío, de forma que salté por la ventana que estaba abierta.
 
Ojala la cosa hubiera terminado así.
 
Pero la tiparraca de la abuela nunca contó la otra versión de la historia, y enseguida se corrió la voz de que soy un tipo malo y agresivo. Todos empezaron a evitarme. No sé qué habrá sido de la niñita con su estrambótica caperuza roja, lo que sí sé es que yo no he vuelto a vivir feliz después de encontrarme con ella.

28 de marzo de 2011

Doce cuentos peregrinos. Libro lectura para el mes de Abril.



Gabriel García Márquez

 Escritor colombiano, es uno de los grandes novelistas del siglo XX, renovador de la literatura en español y figura clave en el auge del llamado realismo mágico.
Debido a sus ideas políticas izquierdistas, se enfrentó con el dictador Laureano Gómez y con su sucesor, el general Gustavo Rojas Pinilla, y hubo de pasar las décadas de 1960 y 1970 en un exilio voluntario en México y España.

Recibió el Premio Nóbel de Literatura en 1982 y fue formalmente invitado por el gobierno colombiano a regresar a su país, donde ejerció de intermediario entre el gobierno y la guerrilla a comienzos de la década de los ochenta.

Frases célebres del autor: 
 "No llores porque ya se terminó... sonríe, porque sucedió."
"Sólo porque alguien no te ame como tú quieres, no significa que no te ame con todo su ser."
"La sabiduría nos llega cuando ya no nos sirve de nada."
"La vida no es sino una continua sucesión de oportunidades para sobrevivir."
"Lo más importante que aprendí a hacer después de los cuarenta años fue a decir no cuando es no."
"No tenemos otro mundo al que podernos mudar."
"Ninguna persona merece tus lágrimas, y quien se las merezca no te hará llorar."
"Puedes ser solamente una persona para el mundo, pero para una persona tú eres el mundo."
"El problema del matrimonio es que se acaba todas las noches después de hacer el amor, y hay que volver a reconstruirlo todas las mañanas antes del desayuno."
"El secreto de una buena vejez no es otra cosa que un pacto honrado con la soledad."
"Nunca dejes de sonreír ni siquiera cuando estés triste, porque nunca sabes quien se puede enamorar de tu sonrisa."
 
Premios entre otros:
Además del Nóbel de 1982, García Márquez ha recibido muchos otros premios, distinciones y homenajes por sus obras como los relacionados a continuación:
  • Premio de la Novela ESSO por La mala hora (1961).
  • Doctorado honoris causa de la Universidad de Columbia  en Nueva York (1971).
  • Premio Rómulo Gallegos por Cien años de soledad (1972).
  • Medalla de la legión de honor francés en París (1981).
  • Condecoración Águila Azteca en México (1982).
  • Premio cuarenta años del Círculo de Periodistas de Bogotá (1985).
  • Miembro honorario del Instituto Caro y Cuervo en Bogotá (1993).
  • Doctorado honoris causa de la Universidad de Cádiz (1994)
Cine
 Varias de las obras de García Márquez han sido llevadas al cine, aunque ninguna con tanto éxito como sus equivalentes literarios. Quizá habría que destacar las adaptaciones de El coronel no tiene quien le escriba o El amor en tiempos del cólera.

Museo:
El 25 de marzo de 2010 el gobierno colombiano terminó de reconstruir la casa en que nació García Márquez en Aracataca, pues había sido demolida 40 años atrás, e inauguró en ella un museo dedicado a su memoria con más de 14 ambientes que recrean los espacios en los que transcurrió su niñez.

Doce cuentos peregrinos. 1992.
 Nos preguntaremos por que son doce, por que cuentos y por que peregrinos. Bueno la respuesta es muy fácil, doce porque después de una selección de los que tenía hechos se quedaron en doce; cuentos porque o los olvidaba en el cajón o simplemente el argumento no daba para más y peregrinos porque estuvieron mucho tiempo dando vueltas por su casa hasta que, por fin, estando en el cajón de los papeles olvidados, los encontró y decidió publicarlos.

«El esfuerzo de escribir un cuento corto es tan intenso como empezar una novela. Pues en el primer párrafo de una novela hay que definir todo: estructura, tono, estilo, ritmo, longitud, y a veces hasta el carácter de algún personaje. Lo demás es el placer de escribir, el más íntimo y solitario que pueda imaginarse, y si uno no se queda corrigiendo el libro por el resto de la vida es porque el mismo rigor de fierro que hace falta para empezarlo se impone para terminarlo. El cuento, en cambio, no tiene principio ni fin: fragua o no fragua. Y si no fragua, la experiencia propia y la ajena enseñan que en la mayoría de las veces es más saludable empezarlo de nuevo por otro camino, o tirarlo a la basura.»

De los doce cuentos, cinco son hechos periodísticos, cinco  guiones de cine, uno que fue un serial de televisión y otro cuento fue una entrevista que se le realizó cuando tenía quince años.

Crítica Literaria: 
El lector podrá encontrar en estos textos belleza, originalidad, intriga, apariciones esporádicas de personajes como Borges y Neruda, que se asoman a dejar un recuerdo para luego dar paso a otras historias. Todos los cuentos se entregan para ser transformados en imaginación, la más poderosa que se pueda ejercer.
* Fuente: El Clotial  La Auténtica Defensa. Edición del domingo, 20/abr/2003