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23 de octubre de 2012

1984


 
La novela de la que os voy a hablar hoy, es un clásico del siglo XX. Publicada por primera vez en España en 1952 y reeditada en el año que le da su título: 1984.

Ignoro si ha habido más ediciones posteriores, incluso ignoro (soy una completa ignorante), si la novela fue popular o a penas fueron vendidos unos cuantos ejemplares.
Deseo hablaros de esta novela por lo que me transmitió cuando la leí, hace ahora veintiocho años...

Yo era apenas una niña, de eso me doy cuenta ahora. Cuando la vida pasada se numera con dos cifras que ya andan por las cinco décadas... Pero entonces, me creía una súper mujer. Acababa de casarme. Decoraba mi primera vivienda, exploraba con el sexo, tenía un trabajo que me satisfacía, amigos con los que divertirme y charlar. Tenía una vida por delante y también, comenzaba a coleccionar libros.

Por esa época comencé a ampliar mi biblioteca eligiendo nuevos títulos y autores en mi recién estrenado Círculo de Lectores al que me asocié allá por diciembre de 1983 y del que me alimento fielmente.


De aquellos primeros títulos data la edición de la novela que os hablo, cuyo prólogo fue escrito por otro autor que siempre admiré: Manuel Vázquez Montalbán. Quien subtituló a la novela como "La literatura del Miedo". Y quien pensaba que Orwell había sido demasiado pesimista al crear "(...) una maravillosa fábula de moribundo frustrado porque ni la vida ni la historia, habían sido como él había querido".

Sin embargo y pese al prólogo tan de quitar importancia a una novela que en la época en que se reeditaba, no dejaba de ser puro márketing ocasionado por el eminente y bisiesto 1984, así como los acontecimientos impactantes del último trimestre de 1983 (accidentes aéreo en Mejorada del Campo y en el mismo aeropuerto de Barajas, Incendio de la discoteca de moda "Alcalá 20"), que ocasionaron el momento propicio para su relanzamiento español..., la novela me impactó.


1984 está narrada en tercera persona, como os digo, sitúa su acción en un estado totalitario (Oceanía), donde el poder es el valor absoluto, nada existe que no pueda ser sacrificado para que el poder se nutra y nada, es más importante que la voluntad de conservarlo. Para mantenerlo, utiliza una aterradora vigilancia que se apodera de la conciencia y la vida de sus súbditos.

Habla el autor de un País imaginario que a todos nos recuerda la Unión Soviética en época de la más estricta dictadura del proletariado. Nos plantea una sociedad que vive sabiéndose observada y escondiendo por tanto, su verdadera identidad. La población más joven, no conocen de otro tipo de vida y los cerebros de las generaciones que vivieron parte de sus vidas fuera del sistema que todo lo puede y observa, han sido lavados para eliminar de ellos cualquier tipo de recuerdos. Aislados de la cultura y el libre pensamiento, la población subexiste alimentándose de "el libro", que adoctrina a la población bajo los intereses de sus gobernantes. Cambiando la historia que fue por aquella otra que para el bien de la casta política, debe ser.

Winston Smith, su protagonista, es un funcionario del Ministerio de la Verdad, cuyo trabajo principal es reescribir el cambio de datos de acuerdo con el interés de El Gran Hermano.  Sin embargo, algunos rayos de luz con posibles recuerdos, entran por un agujero de su cerebro manipulado. La sospecha se apodera de él y observa con pánico, cómo los esbirros del sistema (la policía del pensamiento),  van modificando la historia.

Sufre claustrofóbicamente en el intento por esconderse del ojo que todo lo ve: las cámaras de vídeo que constantemente graban a la población civil en todos sus ámbitos. Incluso en el privado, quizá más aún en este espacio. El visor, es como un gran ojo a cuya mirada nada se escapa y bajo cuyo control, quedan todos los instantes de todas las personas, durante todos los minutos de cada día. Para que nada se pueda esconder a "el gran hermano", ése político encumbrado  por el bien de la patria que con el tiempo se convirtió en el verdugo de la población.

En principio nuestro protagonista aparece como símbolo de la rebelión contra el poder, sin embargo en la medida que se va contando la historia, vamos descubriendo lo difícil que es ser una única oveja despierta en su rebaño.

La novela nos hace un fabuloso análisis que ayuda a reflexionar sobre el poder y la terrorífica dependencia que crea sobre los individuos de a píe.

Nada tenía que ver la novela con aquél 1984. Salvo quizá, el hecho de que los políticos deseaban hacer y deshacer a su antojo (¿cuando no es fiesta?), a espaldas siempre de sus electores. Aunque era época de transparencias democráticas y aún la corrupción no había llegado al punto en que ahora se encuentra, si se veía el intento de que algunas cuestiones políticas y sociales, se volcaran a la sociedad edulcoradas tras un suave velo que nos conducía hacia la ignorancia, pese a los intentos de algunos periodistas e informadores de nuestra época por mostrarnos siempre su lado noble.

Sin embargo la política no es noble y las conspiraciones palaciegas nunca dejaron de existir, ni lo harán, mientras haya personas sensibles de convertir en dóciles y productivos borreguitos.


La novela de Orwell, lamentablemente está de rabiosa actualidad. Debido a la tendencia a "re-escribir" la historia que tienen muchos de nuestros políticos, con el único fin de salvaguardar a su "casta" haciéndola cada vez más poderosa. 

Sin preocuparse mucho por ése Winston individual, que intuye el engaño. Porque un lobo por sí solo, es fácil de cazar, evitando así que sus aullidos, "despierten" al gran rebaño.