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22 de marzo de 2021

Lactancia Seca de Rocío Biedma

La poeta Rocío Biedma, en su tercer poemario, “Lactancia Seca”, (Ed. Autografía, Barcelona 2021), llora con las lágrimas de todas las madres, desde su condición de madre y abuela y con idéntica sensibilidad que ya demostrara en “El vértigo de la libélula” y “Cerezas en invierno”. A lo largo de todo el libro se derrama en femenino plural, y se duele por los niños de la guerra, los que pierden la vida en el turbulento seno de la mar buscando la vida, la despavorida huida de la hambruna, los feminicidios de culturas ancestrales que no han llegado a conocer el amanecer del siglo XXI, las madres y la esperanza. Un poemario de 90 páginas de gran intensidad y calado.

 En sus heridas, todas las pústulas del quebranto filial: el hambre, la sed, el abandono, la insubordinación de todas las conjugaciones por una “Lactancia Seca”, de la que los supervivientes serán de por vida desnutridos: “niños preñados de aire”. Hambre superlativa, juguetes rotos, “dolor mudo”, “soledad sin rumbo”, carne de alistamiento insurgente, sin esperanza en “ciudades que pierden su cartografía”. Y en estos extremos se ven abocados a “inventar otras vidas.”

“Doy mi voz, (nos confiesa Rocío Biedma) por aquellos que guardan silencio”. Y contempla con desazón inerme cómo “prescriben la esperanza, los sueños, las promesas amargamente incumplidas, la edad de los niños… Todas las heridas.

 Mi enhorabuena Rocío por este tercer poemario tuyo, que aguardaba sin impaciencia, pero cargado de ilusión y esperanza, las cuales se cumplen con el regusto de su lectura.   

 Reseña hecha por  Francisco Espada poeta y  autor del blog "Dias de aplomo"  

17 de mayo de 2018

EL VÉRTIGO DE LA LIBÉLULA

Ayer, 16 de mayo de 2018, en la Biblioteca Pública Elena Fortún de Madrid, tuve el honor de presentar a la poeta jienense, Rocío Biedma. Nos acogieron la asociación de Mujeres del Distrito de Retiro, cuya presidenta, Paloma González Setien, siempre abraza la poesía y a las mujeres poetas que prestamos  nuestra voz a la causa feminista.

Estuvimos acompañadas de un público muy entregado entre quienes se encontraban poetas como -en otros-:  Chelo de la Torre; Antonio Portillo Casado; Juan Justo López; Antonio Capilla Loma; Nunci Vaamonde Vivian...

Aquí comparto, a modo de reseña, la presentación del poemario.


En primer lugar, quiero haceros con unas leves pinceladas, el dibujo de esta autora que hoy presentamos: Rocío Biedma.

Para ello, necesito una paleta de colores y pintaros de azul y verde, su infancia, mecida por el mar de olivos y las cumbres de Jaén;  y de todos los colores del arco iris su descubrimiento de la poesía.

Porque si existe algo que defina mejor a esta autora, es la palabra hecha ritmo y la música hecha verso. Por eso compone, desde niñas, canciones, himnos y cuentos musicales.

Ha recibido premios como el Nacional “Villa de Mancha Real y el Premio Internacional de Cartas de Amor en Bailén, este último en dos ocasiones distintas; El Internacional de Poesía “Tierra Andaluza”; el Internacional de Poesía “Dolores Ibarruri” de Andújar y el Provincial de Poesía “Antonio de Jaén.

Además de su poesía, Rocío es una requerida autora de prólogos y aunque su obra ha sido publicada en diversas antologías de poetas y revistas literarias, este libro que hoy tenemos aquí en su 2da. edición: “El vértigo de la libélula”, es su primer poemario en solitario.

Al abrir “El vértigo de la libélula”, descubrimos un poemario que es como una melodía, entonada con el aliento fresco de una mujer enamorada de la vida, que tiene la fuerza de la palabra como compañera y aliada en el combate diario por focalizar la belleza de las cosas, en el entorno más inmediato que la rodea.

El poeta Paco Mateos, autor del prólogo de este poemario, le pregunta a su autora: ¿Cómo pudiste volar tan alto, si tu corazón era más grande que tus alas?

Yo creo que esto es posible porque el amor y la música, como un único cuerpo, remolca el diálogo interior de Rocío y que ahora, queda sostenido en las páginas de este libro, a modo de señuelo,  para que sus lectores avancen siguiendo el rastro de las huellas, de ésa libélula amante que habita a Biedma.

En el epílogo del poemario, Rocío nos regala una interesante tesina sobre las libélulas y su simbología. En dicho texto, podemos leer que según la mitología hindú, cuando las personas mueren, sus almas se transforman en libélulas que esperan en la naturaleza hasta renacer en otra persona…y leo la dedicatoria con que Rocío Biedma comienza su libro “a mi Teresilla, a Armando, a Juan, in memoriam”. Y no puedo sino imaginarme a ésos seres queridos para ella, convertidos en libélulas que revolotean a su alrededor para insuflarle vida en forma de versos.

En el libro encontramos la pasión de los besos soñados y el dolor, que como notas de colores en las alas de una libélula, va marcando musicalmente palabra a palabra y verso a verso, allá por donde sobrevuela. Con el objetivo logrado de seducir a los lectores y arrastrarlos con ella allá, adonde la lleven ésas alas multiplicadas, en busca del amante único con el que conformar un tándem eterno y, acaso, mortal.

Porque la vida de nuestra libélula va siempre enlazada a la muerte-vértigo y ésta, es necesaria para volver a reencarnarse quizá, en una alondra o un gorrión,  o en el cuerpo iluminado de la poeta, quien sabe, que a pesar de los colores y el aroma de las flores, la oscuridad acecha y nos mira de frente, dentro, muy dentro, del vacío inmenso y luminoso, en el iris de su libélula, mientras consume su universal acto de amor-entrega.    

Y pienso…Pienso y leo a nuestra autora cuando dice, “la libélula está para recordarnos que todo es posible cuando realmente alcanzamos el entendimiento de que somos parte del universo”.

Y recuerdo el amor de una madre, y pienso que ése es el AMOR UNIVERSAL más fuerte que existe y conocemos. Es el amor-entrega por definición absoluta.

Y ése símbolo de dos libélulas amándose, ése támden en forma de corazón, es el símbolo universal del amor en mayúsculas que encontramos entre los versos, de Rocío Biedma.

Las lectoras y lectores que se acerquen a esta libélula, hallarán un libro lírico, donde la palabra poética le acompañará con la musicalidad del batir de sus alas, revoloteando sobre los gláciles versos que la autora nos dibuja hasta sentir el vértigo que siempre, acompaña a la entrega del cuerpo y de la propia esencia, en el altar último, donde vive y muere, para permanecer eterno, el amor.